Practicar el éxtasis

Las escrituras sagradas relatan que al morir el cuerpo, el alma se contrae y absorbe todos los sentidos, que se van oscureciendo poco a poco tal como una lamparilla a querosén a la que se le va agotando el combustible.
El cuerpo sutil abandona el cuerpo físico formando una nube y junto con el alma se alejan del cuerpo el aire vital, los órganos sensoriales, las acciones buenas y malas como también las impresiones.
Si el alma está destinada a reencarnar, en el momento exacto de su desprendimiento visualizará su próximo cuerpo, que en cierto modo dormía tal como una semilla en el organismo que debe abandonar.
La orgonterapia describe estos procesos con palabras algo más técnicas, ya que afirma que luego de la muerte clínica la percepción continúa pero en un estado de conciencia alterada, por lo cual el tiempo que objetivamente puede ser de pocos segundos, a nivel subjetivo abarca prácticamente la vida entera del difunto: “recuerdos de infancia, reflexiones existenciales, experiencias místicas y percepción de lo que ocurre alrededor suyo, en el mundo real, son sensaciones que se experimentan superpuestas, al unísono”.
Por su similitud con los viajes astrales y otros estados de conciencia alterados provocados por la hipnosis, el yoga o incluso experiencias vitales muy intensas como el éxtasis del amor, se considera que quienes meditan y buscan alcanzar un estado espiritual de iluminación estarán mucho más preparados para abandonar definitivamente su cuerpo físico que quienes no han tenido en vida estas experiencias de “pequeña muerte” (nombre que no casualmente también recibe el orgasmo).

Miedo a la muerte

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