Los prerrafaelistas

esoterismo

Beata Beatrix

La cofradía prerrafaelista fue constituida en Londres en 1848 por algunos pintores e intelectuales que defendían un arte que pudiera oponerse al academicismo, a las convenciones victorianas y a los efectos de la sociedad industrial.
A primera vista, podría tratarse de una experiencia muy parecida a la de otros grupos y corrientes que proponían nuevas ideas artísticas destinadas a oponerse a la tradición. Hasta aquí, nada nuevo.
El vínculo con el universo del esoterismo parecería translucirse principalmente en la elección de los temas y, en particular, en la notable cantidad de símbolos pertenecientes a la obra prerrafaelista.
Entre los principales personajes de la cofradía, recordemos a Dante Gabriel Rossetti, John Everett Millais, William Holman Hunt y Ford Madox Brown, personalidades muy distintas que muy pronto dieron origen a un grupo marcado por el sello de la heterogeneidad.
El gusto neomedieval que caracterizó al grupo se plasmaba en un verdadero interés por entrar en el lenguaje de los símbolos. Esto se percibe claramente en el cuadro de Millais Orfeo (1853), en el que dominan elementos iconográficos que, bajo la apariencia decorativa, ocultan en realidad alegorías alquímicas.
Retomando en parte la poética de los nazarenos alemanes, la cofradía prerrafaelista siempre intenta llenar las obras de sus adeptos con símbolos a menudo hábilmente ocultos en el seno de la composición pictórica. El caso de El despertar de la conciencia (1853) de Hunt es significativo. El tema principal del cuadro (una escena de amor) se ve contrapuesto a una pequeña imagen a látere (un gato que intenta atrapar a un pajarillo), metáfora de la seducción de la que la joven es visiblemente víctima, sentada sobre las rodillas del pretendiente.
El trazado prerrafaelista esotérico se expresa claramente en niveles más complejos y profundos: el uso de los colores es un ejemplo significativo. Sin embargo, para comprender hasta qué punto la cofradía consideraba su papel esotérico, resulta útil observar las pocas cifras de la revista The Germ, dirigida y editada por Rossetti, que fue, en realidad, el líder de los prerrafaelistas.
Dante Gabriel heredó de su padre Gabriel, profesor de italiano en el King’s College, el amor por la poesía y el interés por el lenguaje esotérico, que su progenitor estudió con detalle. El artista alcanzó el paroxismo de su lenguaje simbólico con la tela Beata Beatrix (1864); el rostro es el de Elizabeth, su modelo, de quien estaba enamorado. Elizabeth se suicidó.
[La mujer] aparece representada en éxtasis, y la silueta de Dante es como aspirada por la sombra, mientras que la luz alcanza las manos juntas y la amapola dejada por la paloma (la amapola es también la flor de láudano con la que Elizabeth se envenenó). Colores simbólicos: el rojo (color de la muerte), el verde (color de la vida), el púrpura (color del sufrimiento) nutren un sueño que es una reflexión poética sobre la vida y la muerte.
El lenguaje esotérico de Rossetti se fragmenta en múltiples soluciones alegóricas, algunas de tradición medieval, como la que se refiere al ciclo artúrico. Emerge un universo compuesto por ambientes que imponen, a veces incluso ambiguos, en los que el sentido de cada obra parece superar la apariencia. Los artistas de la cofradía sintieron la necesidad de recurrir a una especie de desviación simbólica para «no decirlo todo». Con Hunt, esta voluntad se expresa perfectamente y deja al observador una impresión de extravío. Así ocurre, por ejemplo, con su cuadro The lady of Shalott (1859), en que el lenguaje comprometido del modernismo se presenta como el instrumento más adecuado para ocultar mensajes cifrados, donde es posible velar el hilo del discurso y encontrarse en un laberinto sin poseer brújula. Precisamente en esta ausencia continua de itinerario interpretativo, con un inicio y un fin, reside el «problema» del esoterismo pre-rrafaelista que acaba por desorientar al profano y anula sus expectativas.
La cofradía quiso utilizar un lenguaje esotérico hecho de imágenes y colores para defender su torre de marfil, y cuyo objetivo final era la búsqueda de lo hermoso y del conocimiento.