Los Fieles de Amor

esoterico

Representación de un derviche en un grabado de Cesare Vecellio (1598)

Los Fieles de Amor, si nos servimos exclusivamente de las palabras de Dante, serían aquellos que, basándose en la tradición de los trovadores, habían reconocido en el amor esa fuerza capaz de permitir la transfiguración total del hombre, de su estatus terrestre, para acercarse a Dios. La mujer es la figura transfiguradora; se convierte en el espejo de las virtudes y la expresión celestial al transformarse a su vez en imagen divina.
En la práctica, se trataba de miembros del stil nuovo, una escuela poética italiana, y, por consiguiente, de letrados pertenecientes a una «corriente» literaria sin ninguna relación con el universo esotérico. O eso es lo que parece. Pero si profundizamos un poco en el análisis, descubrimos que bajo la
superficie hallamos vínculos con Que los Fieles de Amor fueron algo más que un pequeño grupo de literatos nos lo indica Giovanni Villani en su Crónica (1308), en la que describe las fiestas de San Juan en Florencia en 1283. Señala la presencia de una cofradía denominada Fieles de Amor, cuyos miembros van vestidos completamente de blanco y desfilan por las calles de la ciudad guiados por un «señor llamado Amor».
En cualquier caso, las fuentes históricas son extremadamente escasas, y fue gracias a los estudios de G. Rossetti como se empezó a proponer una lectura sobre esta asociación en sentido hermético. Rossetti suponía que detrás de este misterioso grupo se ocultaban algunos contemporáneos de Dante que se dedicaban a los estudios alquímicos y, quizás en algunas ocasiones, heréticos.
Luego, otros especialistas, como Evola (1898-1974), emitieron la hipótesis según la cual los Fieles de Amor eran miembros de una rama del catarismo que había perdido su papel principal en el combate para encerrarse en una dimensión extática y contemplativa.
Otros expertos de la historia del esoterismo, como Rene Guénon, han pensado en una influencia islámica, más exactamente sufista. Esta lectura ha abierto la vía a numerosas interpretaciones diferentes que han hecho de los Fieles de Amor los portadores de elementos fuertemente anticristianos y protomasónicos.
Quizá nos sorprenda este conjunto de análisis que se apoyan en una base filologica poco precisa, pero todo ello adquiere sentido dada la escasa documentación existente.
De todos modos, es un hecho que los Fieles de Amor no podían ser conocidos como heréticos y todavía menos como cataros, por los que Dante profesaba un violento odio. Tenemos indicios de esta aversión en El Paraíso (XII, 92-102), en el que el famoso poeta hace que San Buenaventura de Bagnoregio pronuncie una ferviente alabanza a Santo Domingo por su obra de defensa de la ortodoxia contra el catarismo. Además, también en El Paraíso (IX, 73), el propio Dante dirige una alabanza al obispo de Toulouse, que en el año 1205 se distinguió por su lucha contra los cataros.
Así pues, parece bastante improbable que los Fieles de Amor fueran portadores de mensajes heréticos, ya que Dante no habría perdido la ocasión de «castigarlos» dentro de su universo alegórico esculpido con el ritmo de sus versos.
Sobre la base de los documentos que conocemos, parece difícil reconstruir el recorrido esotérico perseguido por los Fieles de Amor, que se dedicaban más a las especulaciones filosóficas que a las prácticas esotéricas. Prácticas que, para los especialistas en esoterismo, fueron tomadas prestadas por culturas lejanas y adaptadas a la francmasonería moderna.
¿Hasta qué punto podemos fiarnos de determinadas interpretaciones? No lo sabemos. Ni siquiera los más finos exegetas de La divina comedia llegaron a solucionar la cuestión. Habrá que resignarse a la idea de que para los Fieles de Amor, como para muchos otros grupos esotéricos, nunca será posible desvelar el papel real y el plan de sus búsquedas herméticas.