Los «misterios» de los elementos naturales

videncia

Las fuerzas de la naturaleza, corno el viento, suelen ser utilizadas en el lenguaje simbólico del esoterismo

Con el término latino elementa se designan los principios del ser y de la vida: valores primordiales que son la sustancia de este mundo. Agua, aire, tierra y fuego corresponden únicamente a las manifestaciones tangibles y empíricamente visibles de la realidad, pero se han llenado de significados simbólicos destinados a sostener el lenguaje de lo sagrado. En todas las culturas, el uso y los significados atribuidos a los elementos expresan la fecunda relación que existe entre física y metafísica, entre lo humano y lo sobrehumano.
La sacralización permanente de los elementos, establecida desde siempre, hizo que Tales pudiera afirmar: «El mundo entero está lleno de dioses».
Agua
Iniciemos este rápido itinerario a través de los símbolos esotéricos de la naturaleza con el agua. Desde las épocas más antiguas, la fuente desempeña un papel importante en la dimensión sagrada que nuestros antepasados conferían a la naturaleza y a sus numerosas expresiones. El agua es un elemento ritual por excelencia: la encontramos prácticamente en todas las religiones y desempeña un papel simbólico muy preciso, contenido entre principios creativos y destructivos. En todos los casos es una hierofanía a la que se le reconoce la propiedad fundamental de regeneración, de devolver a la pureza, incluso a través de la eliminación total de todo elemento vivo (en este sentido, es emblemático el caso del diluvio universal, que está presente en numerosas religiones).
En el seno de la cultura humana y en la reescritura especulativa del inconsciente, todo lo que vive tiene su origen en el agua y, por este motivo, nada negativo puede desprenderse de esta. En la tradición védica, el agua se define como matrita mah («la más maternal»), origen de toda criatura.
En muchas religiones del pasado, el agua se convirtió en uno de los elementos más importantes en el desarrollo de las ceremonias rituales: con frecuencia su poder, capaz de purificar y regenerar, se halla en tradiciones culturales incluso muy distantes geográficamente hablando.
El agua da origen a toda forma de vida, es un don del cielo, como se puede ver claramente en la tradición judeocristiana: en el origen «el espíritu del Señor se cernía sobre las aguas» (Génesis 1, 2).
La solidez del ambiente sagrado que emana del agua sin duda está muy presente en el contexto cristiano, aunque comporta connotaciones vinculadas a un lenguaje simbólico recurrente también en las demás religiones. La afirmación de lo sobrenatural en el interior de la esfera humana ha llevado a percibir en el agua el elemento divino en el que la energía purificadora se ha convertido en panacea, solución taumatúrgica adoptada como catalizador para la medicina del cuerpo y del alma.
Así es como se deduce que existen dos niveles simbólicos del agua ritualizada: uno, purificador, que detenta principalmente un papel ritual/mágico, y otro, taumatúrgico, que posee una función más directa, muy relacionada con una exigencia material. De entrada, el segundo nivel puede leerse de una forma totalmente laica, perdiendo así todo contacto con lo divino, adquiriendo una marca casi mágica, vuelta hacia un interés práctico de base. Es el caso de la supuesta «fuente de vida» o de «juventud» en la que el agua es exclusivamente un medio para recuperar energías físicas perdidas.
Aire
El aire, desde un punto de vista simbólico, está asociado a la respiración y, por tanto, al aliento vital que anima a todas las criaturas. Representa el mundo ligero que se sitúa entre el cielo y la tierra. Para la cultura china, el aire en la forma del chi es decir, la respiración, es el primer factor realmente necesario para la vida. El aire, en efecto, es la respiración cósmica, y se expresa en el mundo humano con la palabra.
Muchas religiones consideran el aire como el principio de la vida. Por ejemplo, en el Génesis se puede leer que ruah es el espíritu de Dios, el aliento que sale de los orificios nasales de Yahvé, que flota sobre las aguas primordiales. Este mismo aliento se extiende por los orificios nasales del primer hombre, para conferirle la vida.
En la India, el vayu es el aliento vital que une a todos los seres de todos los mundos, de la misma forma que el hombre está compuesto por cinco respiraciones que regulan sus funciones vitales. En China, existen teorías sobre un número variable de alientos que se unieron en el inicio de los tiempos para dar vida al espíritu universal. La mitología céltica reconoce la importancia del elemento aire, sobre todo en lo que concierne al aliento druídico: por ejemplo, Mog Rutih, un gran druida citado en el relato del Siége de Druin Damhgair, por medio del aliento consigue escapar de los guerreros que están a punto de matarlo. Soplándoles encima, los transforma, de manera que todos ellos tienen sus mismos rasgos; así, sus adversarios, creyendo matarlo, acaban matándose entre sí, dejando al druida tiempo para huir y esconderse. Del mismo modo, si el druida sopla su propio poder sobre sus enemigos, los transforma en piedras. En Irlanda, los tuatha de Danann, las tribus de la diosa Dana, hacen frente a los navios de los hijos de Mil (los galos que se disponían a desembarcar en sus costas) con la ayuda de un viento generado por la magia.

[button link=»https://www.hechizos.us/esoterismo/los-«misterios»-de-los-elementos-naturales-1/» color=»black»] Continúa >>>[/button]