Las páginas esotéricas de Pessoa

El portugués Fernando Antonio Nogueira Pessoa (1888-1935) está considerado una de las personalidades más complejas y representativas de la literatura europea del siglo XX. Su vida estuvo caracterizada por una ausencia casi total de la escena cultural. Solitario por naturaleza, Pessoa se hizo famoso como ensayista e historiador de la literatura a través de su participación en la revista Aguia y, luego, en Orpheu, intentando, sobre todo a través de esta última, abrir la literatura portuguesa a los horizontes europeos. Toda su vida se dedicó a la poesía; realizó una serie de colecciones que se consideran grandes obras literarias. Recordemos Oda marítima (1915), Poemas ingleses (1921) y Mensaje (1933); también es autor del manifiesto futurista Ultimátum (1917).
En el amplio corpus textual, constituido por más de veinticinco mil documentos escritos por Pessoa y conservados en la Biblioteca Nacional de Lisboa, encontramos textos de un valor esotérico evidente. El interés del poeta portugués por el mundo de lo oculto desde los comienzos de su actividad literaria es visible en determinados artículos y poesías, pero fue tras el descubrimiento de la teosofía (1915), después de haber traducido un texto sobre el tema para la editora Livraria Classica, cuando inició el viaje por el universo esotérico.
La relación epistolar que mantuvo con el ocultista Aleister Crowley ejerció una gran influencia en Pessoa. Llegaron a verse en persona, pero, al parecer, el poeta no soportaba la tensión que le imponía de forma bastante penosa la personalidad dominante de Crowley.
Las opiniones de Pessoa sobre la francmasonería son significativas. La defendió en público en varias ocasiones, sin, no obstante, llegar a formar parte nunca de ella. Fue, sobre todo, la vertiente oculta y simbólica de la francmasonería la que lo sedujo. La transfirió en parte a la práctica literaria, descubriendo analogías entre la escritura poética y la iniciación esotérica:

El grado de neófito consistirá en la adquisición de los elementos culturales con los que el poeta deberá contar al escribir poesía y que serán respectivamente, en lo que puede parecer una analogía perfecta, gramática, cultura general y cultura literaria específica.
El grado de adepto consistirá, al desarrollar la analogía, en escribir poesía lírica sencilla como en una obra lírica común, escribir poesía lírica compleja y, por último, escribir poesía lírica ordenada o filosófica como en la oda.
El grado de Maestro consistirá, por su parte, en escribir poesía épica, escribir poesía dramática, fusionar toda la poesía, lírica, épica y dramática, en una síntesis superior a los tres géneros.

Aunque se sentía seducido por el esoterismo, Pessoa mostró mucha atención por las problemáticas relacionadas con el significado de los símbolos:

El camino de los símbolos es peligroso porque es fácil y tentador, y es fácil y tentador sobre todo para quienes, dotados de imaginación, son sin duda más proclives a caer por error y a inventar historias para los demás, creando falsedades, a veces inocentes, a veces menos inocentes.

Pessoa, en cualquier caso, insistía en el hecho de que los textos esotéricos, a menudo codificados, poseen la prerrogativa de alejar en lugar de acercar:

Nadie lee los libros de ciencia hermética que se han publicado. Quienes los leen los dejan de lado riendo, o los abandonan, cansados de no conseguir comprenderlos. Es en la esencia misma de la magia —ciencia suprema— es donde se halla la imposibilidad providencial de ser publicado como ciencia.

Partiendo de la consideración anterior, el poeta transfiere con pesimismo esta observación al plano humano, cubriendo de esoterismo y en ocasiones de tristeza el recorrido iniciático de cada uno de nosotros:

Nacemos sin saber hablar y morimos sin haber sabido decir. Nuestra vida pasa entre el silencio de quienes se callan y el silencio de quienes no han sido comprendidos, y en torno a todo ello, como una abeja en un lugar sin flores, yerra un destino inútil.

El amor ardiente por el misterio, por lo irreal, por el sueño, se unía en Pessoa al amor por la verdad. Por este motivo, su entrada en el universo de los símbolos esotéricos hace notar al autor portugués que:

El bien y el mal son términos creados para simbolizar cosas que, en sí, no contienen ni bien ni mal. El ocultismo es una política de la Voluntad absoluta, en la que figura como mal, como contrario a sus intereses trascendentales, todo lo que es Inteligencia; pero la Inteligencia es un mal sólo para quien la considera un enemigo.

Para Pessoa, el esoterismo se convierte en parte integrante de este tipo de ascesis que conduce al hombre deseoso por superar la apariencia en dirección al saber. Este itinerario puede desarrollarse a través de tres direcciones, todas ellas marcadas por el lenguaje esotérico, aunque cada vez con particularidades y efectos distintos: la magia, el misticismo y la alquimia, «la más difícil y la más perfecta de todas [las vías], porque llega a incluir una transmutación de la persona que se prepara a ella, sin por ello comportar riesgos, sino, por el contrario, defensas que otros no tienen».