Las nueve etapas iniciáticas de Beethoven

esoterico

Ludwig van Beethoven

Según E. Bordeaux, uno de los biógrafos de Beethoven (1770-1827), para el gran músico alemán las nueve sinfonías son «lo que el Sermón de la montaña es para la vida de Jesús: sus sinfonías son la lucha intensa de Jesús en el huerto de Getsemaní». Una aproximación adecuada a la personalidad del gran músico que ya componía a la edad de doce años y que se quedó sordo a los treinta y dos. Beethoven vivió casi toda su vida en Viena, en condiciones a menudo precarias, y murió a los cincuenta y siete años, cuatro años después de componer la 9.a Sinfonía.
Estas extraordinarias creaciones constituyen una de las piedras angulares de la historia de la música.
Además, según algunos esoteristas, representarían una especie de trayectoria iniciática, una ascesis en la que los expertos en simbolismo han visto un perfecto equilibrio entre alma y cuerpo, entre lo sagrado y lo profano.
En la 1º Sinfonía estaría encerrado el mundo físico: los cuatro movimientos constituirían una alegoría de los cuatro elementos (aire, fuego, tierra y agua), activos en la turbación primordial de la tierra.
La 2º Sinfonía designaría el mundo etéreo: la música expresaría el movimiento de los espíritus de la naturaleza que envuelven la existencia natural.
En la 3º Sinfonía, llamada Heroica, se plasmaría la lucha entre el espíritu y la materia, caracterizada por una tensión que los esoteristas consideran la aplicación del adepto a sustraerse de los límites del materialismo.
El equilibrio y la búsqueda de la belleza serían el sustrato de la 4º Sinfonía, en la que cuatro movimientos son designados como Serenidad, Felicidad, Belleza y Paz. En la práctica el adepto encontraría en estas notas los elementos necesarios para llevar una existencia correcta.
La 5º Sinfonía está considerada una especie de síntesis alquímica en la que tiene lugar el choque entre los elementos; este estado es necesario para alcanzar la perfección, una perfección absoluta en que la materia no ejerce ningún peso sobre el espíritu.
La 6º Sinfonía, llamada Pastoral, introduce al adepto en el universo de la luz, cuyo valor depende, naturalmente, del tipo de lectura que se desee hacer de la obra en sí. Para la persona de fe, es el conocimiento de Cristo; para el alquimista, la conquista de la piedra filosofal.
La 7º Sinfonía, designada por Franz Liszt (1811-1886) como «la apoteosis de la danza», decretaría «el ritmo del camino iniciático que concluye, con un momento divino, en la luz eterna».
La 8º Sinfonía se convertiría en palabra para lo que las palabras no saben decir: es la lengua anónima del adepto que ha captado ya la esencia de la materia y sabe escuchar las voces interiores, las de los espíritus de la naturaleza evocados con la 2º Sinfonía.
La 9º Sinfonía sería la etapa final, el punto de llegada para el adepto que ha atravesado el largo recorrido que lleva al equilibrio. Tal vez no sea casualidad que esta obra fuera encargada por una logia francmasona y que, por consiguiente, esté repleta de significados esotéricos accesibles sólo para quienes saben liberarse de las ilusiones de la materia.