La mecánica de la consciencia

Existen cuatro niveles de consciencia humana. Esto puede compararse a un edificio de cuatro plantas con ascensores y escaleras que van de piso a piso. Casi todo el mundo vive en el primer piso, o nivel uno. Algunas personas están atestadas en número de diez o más en una misma habitación en la que todos ven, oyen y piensan las mismas cosas. Otras tienen apartamentos privados que pueden compartir con una o dos personas, mientras que unas pocas tienen grandes extensiones en las que, habitualmente, viven solas. Los que viven en apartamentos grandes se dan cuenta de muchas más cosas que aquellos que están apiñados. Cada una de sus habitaciones tiene una vista diferente y contiene diversos instrumentos para adquirir y conservar los conocimientos. Pero todos estos conocimientos, todas estas observaciones, son del nivel en que viven, el primer nivel, el nivel físico. Por consiguiente, existen numerosos grados y profundidades de consciencia en ese nivel físico, como ocurre en cualquier otro nivel.
El siguiente nivel de consciencia, el inmediatamente superior, ha recibido muchos nombres. Pero estos no son significativos. Son únicamente los intentos de quienes saben para trasmitir información a los que no saben. El designarlo como segundo nivel ya es lo bastante descriptivo.
Cualquiera que se halle en el primer nivel puede subir al segundo por medio de una de las escaleras, que son numerosas y, en su mayor parte, están situadas en lugares convenientes. Lo único que se necesita es saber que la escalera está allí, que vale la pena el subir por ella y, entonces, efectuar esta subida. También hay ascensores, pero son pocos, y los ascensoristas solo permiten la entrada en los mismos a quienes se lo han merecido. La razón de esta aparente selectividad es que el ascensor puede llevarle a uno, en un instante, no sólo al segundo nivel, sino también al tercero o cuarto; y esto último, sin la adecuada preparación, podría ser una experiencia devastadora. No todo el mundo tiene una pureza de motivos tan admirable como la de Saulo de Tarso.
La vista desde el segundo nivel es mucho mayor y pueden observarse muchas más cosas desde el mismo. Además, está menos atestado, y cada individuo tiene una extensión de consciencia no inhibida muy superior a la que se da en el nivel físico. Normalmente, los observadores que se hallan en este nivel están tan impresionados por la claridad y la distancia de la visión que disfrutan desde allí, que tienden a creer que son testigos de todo lo que puede ser visto. Esto, claro está, no es así. Pues hay otros dos niveles superiores, cada uno de los cuales tiene mil veces más perspectiva que el nivel inferior.
En este segundo nivel pueden observarse las causas que llevan a los acontecimientos y otras manifestaciones del nivel físico de abajo. Así que, cuando uno alza su consciencia al segundo nivel, se encuentra con que le es posible predecir ciertos acontecimientos con un grado de certidumbre considerable.
El tercer nivel es el de las ideas, de las inspiraciones que mueven a los grandes compositores y artistas, que guían a los escritores e inventores. Para la mente que llega a este nivel, la belleza y el orden son las consideraciones fundamentales y sólo de modo incidental se dan en él precogniciones. Pero, cuando se dan, son mucho más exactas porque el campo de observación es mucho, mucho más grande que el del nivel inmediatamente inferior, el segundo.
Casi todo el mundo alcanza el segundo nivel, de vez en cuando, durante un período más corto o más largo, pero solo unos pocos alcanzan el tercer nivel. Allí se hallan disponibles vastas áreas de conocimientos, y sólo la limitación física del cerebro impide que aquellos que entran en contacto con el tercer nivel traigan de vuelta nada más que una pequeña fracción. Es casi como tratar de llevar agua en el hueco de la mano. Cuanto más la aprieta uno, menos logra llevar.
El cuarto nivel es el del espíritu. Únicamente un puñado de personas logran alcanzarlo en cada era. Es la fuente de la energía psíquica, la gran potencia que, con un desarrollo inteligente, le permite a uno alzar su consciencia a niveles cada vez más altos: al segundo y, si uno la enfoca bien, incluso al tercero.
Pero ahora, dado que el propósito de este trabajo es ayudar al lector a que expanda su consciencia, regresaremos a la consideración del segundo nivel y como puede uno aprender a entrar en él, a voluntad.
Antes me he referido a las escaleras. Hay muchas y cada una es diferente a las demás. Uno puede subir por una, otro por otra. Pero todas tienen algo en común: debe realizarse un esfuerzo, debe emplearse una energía. La energía psíquica debe ser reunida, acumulada y luego dirigida por la voluntad. Esto se lleva a cabo mediante la visualización. He aquí una técnica que da resultados:
1. — Consiga energía psíquica. Visualice grandes ríos de pura radiación blanca, que fluyen hacia su cuerpo desde arriba. Desee esa energía, exíjala con todas sus fuerzas, sienta anhelo por la misma y luego véala y dese cuenta de que cosquillea a través de usted. Que ha logrado hacerse con ella.
2. — Tras una corta pausa, visualice todo su ser siendo elevado hacia una brillante y clara luz blanca. Véala como un envoltorio que lo rodea a usted por completo. Note como su esencia vibrante le hace cosquillas en la piel. Deje que su frescura vigorizante le envuelva y lo nutra.
Esto es un ejercicio. Ahora, son necesarias algunas explicaciones. Al principio, intente esto solo cuando se halle a solas y en una posición relajada. Siéntese en un gran sillón confortable, o échese en un sofá o cama. La invocación de la energía mediante la voluntad no debe ser continuada durante más de un minuto. La subsiguiente visualización puede entonces ser efectuada durante cuatro o cinco minutos.
Cuando lo lleve a cabo por primera vez, es muy posible que no obtenga unos resultados inmediatos. Habrá un efecto, pero la consciencia normal de la persona media no es lo suficientemente aguda como para detectarlo. Solo tras una práctica repetida y regular la impresión se torna acumulativa y se hace más potente. Esto, a su vez, le hace a usted más sensitivo.
Un buen lugar para practicar este ejercicio es la cama, ya sea justo después de acostarse, o por la mañana, antes de levantarse. Si se hace por la noche, antes de dormirse, uno tendrá unos sueños muy interesantes. Trate de recordarlos. Es mejor que escriba lo que recuerde, inmediatamente después de despertarse, porque esos recuerdos son huidizos, y lo más probable es que desaparezcan muy pronto. Gran parte de lo que experimente en esos sueños será de naturaleza profética. Por lo general, esas precogniciones serán de incidentes bastante triviales. De todos modos, escríbalas y, cuando compruebe que se han convertido en realidad, eso le dará confianza y le animará a realizar un esfuerzo adicional.
Por la mañana, trate de mantener ese estado somnoliento, semidespierto que se acostumbra a experimentar. Desde ese estado se puede alcanzar con facilidad el segundo nivel.

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