La ciencia sagrada

tarot

Madonna del largo cuello

La Madonna del largo cuello, expuesta en la Galería de los Uffizi, en Florencia, es otra obra maestra que ha suscitado numerosos análisis.
«Tu cuello es como una torre de marfil», se clama en el Cantar de los Cantares (7, 4): la referencia a la Virgen por el cuello efectivamente desproporcionado pintado por El Parmigianino es casi demasiado simple, pero ello no explica, sin embargo, el vínculo con la alquimia. La relación es posible para algunos al considerar esta figura como una especie de jarrón filosofal, espacio en el que tiene lugar la transmutación: una vez más, ciencia sagrada y religión cristiana estarían vinculadas por el hilo de un simbolismo sin duda fascinante pero difícil de aceptar sin reservas justificadas.
En definitiva, más allá del valor superficial práctico y materialista, descubrimos que detrás del mensaje esotérico de la alquimia se ocultan significados más profundos impregnados de una experiencia sagrada de corte cristiano.
Una observación así puede llevar a lecturas a contracorriente y heréticas, que, al mismo tiempo, ofrecen caminos que hacen que el ser humano se sienta en relación con todas las expresiones de la cultura.
La relación atávica, pero sobre todo la armonía entre el microcosmos y el macrocosmos, asume así un tono fundamental en la experiencia mística del ser humano, porque le ayuda a derribar los muros estancos que caracterizan su experiencia cotidiana y le señala un camino capaz de hacerlo libre de escuchar las numerosas voces que, en la óptica esotérica, deberían llevar al conocimiento.
Vasari, más pragmático, no tenía en cuenta el importante papel de esta búsqueda del conocimiento y afirmaba perentoriamente: «Si hubiera dejado a un lado las tonterías de los alquimistas, seguramente habría sido uno de los más excelentes y poco frecuentes pintores de nuestra época».
La muerte se lo llevó antes incluso de que alcanzara los cuarenta años: no nos quedan más que las obras que los historiadores de arte fechan, interpretan y juzgan; sin embargo, nunca conoceremos el fruto de otra obra, la que los depositarios de la ciencia sagrada califican como «regia».
Quizá nunca conseguiremos hacer hablar a sus cuadros, mudos para la mayoría, fuente sagrada para otros.