La ambigüedad de la androginia

esoterismo

Representación de la androginia

La androginia constituye una de las experiencias más vivas y misteriosas del lenguaje esotérico de la naturaleza y, debido a su morfología, se ha convertido en parte integrante del lenguaje alquímico.
Lo andrógino es una característica en torno a la cual existe un patrimonio simbólico que se presta a numerosas lecturas, del esoterismo al psicoanálisis. Lo andrógino no se inscribe en la parte visible del mundo. Los ritos étnicos que lo imitan, los juegos sociales que lo estimulan, las bellas artes que lo representan no aportan más que una iconografía bastante asombrosa. Es en la profundidad del espíritu, en el lenguaje confuso del deseo inconsciente donde emerge este arquetipo.
Los seres bisexuales, casi siempre considerados de forma negativa, son el producto de una creación «distinta», es decir, el fruto de elaboraciones alquímicas complejas basadas en procesos misteriosos. En la Antigüedad, se creía que el hermafroditismo era un tercer sexo presente en las épocas arcaicas de la edad de oro. Así describe Aristófanes al hermafrodita en El banquete (189, 6; 190, 1):
Y estas tres especies estaban así formadas porque el macho debía su origen al sol; la hembra, a la tierra; la especie mixta, a la luna […]. Poseían además una fuerza y un vigor extraordinarios, y, como tenían un gran coraje, atacaron a los dioses, y lo que Homero dice de Efialto y Otos se dice de ellos, a saber, que intentaron escalar hasta el cielo para combatir a los dioses.
Resulta interesante observar que los «seres dobles» son designados como criaturas presuntuosas, animadas por la intención de «combatir a los dioses»… Como el golem, el hermafrodita clásico desea derribar el poder de su creador, fortalecido con su presunción de potencia, expresada en su dualidad ilusoria, dejando entrever espejismos de perfección.
En efecto, el modelo del hermafrodita reproduce el eco de la arcaica unidad divina: en la combinación de los dos sexos en una sola persona, podríamos encontrar la última evolución de las diadas bisexuales ante los cultos supremos ofrecidos al dios masculino.
Cabe añadir que la coincidentia oppositorum es una de las formas más arcaicas con la que se ha expresado la paradoja de la realidad divina:
Se manifieste la divinidad bajo la forma que se manifieste, es la realidad última, la potencia absoluta, y esta realidad, este poder renuncia a dejarse limitar por ninguna especie de atributos y cualidades (bueno, malo, macho, hembra, etc.). Varios de los dioses egipcios eran bisexuados. Entre los griegos, la androginia se admitió, incluso en los últimos siglos de la Antigüedad […]. Las «parejas divinas» son, con frecuencia, invenciones tardías o formulaciones imperfectas de la androginia primordial que caracteriza a toda divinidad. […] La androginia divina comporta como consecuencia lógica la monoginia o la autoginia: muchísimos mitos cuentan cómo la divinidad obtuvo su existencia de sí misma, forma sencilla y dramática de indicar que la divinidad es autosuficiente.
Para la tradición judeocristiana, el paso del hermafroditismo a la separación de los sexos tiene su paradigma en la figura de Adán. La exégesis rabínica no ha ignorado la androginia del primer hombre, oponiéndola a la interpretación ortodoxa del Génesis, en la que la neta separación entre ambos sexos aparece de forma clara:
Eso significa que Adán, el primero, supuestamente humano, contenía en él el macho y la hembra, sin separación; y se dice que Dios creó a Adán a su imagen, por lo que creó al hombre y a la mujer.Dios infundió en Adán un profundo sueño; y mientras dormía le quitó una de las costillas y llenó de carne aquel vacío. Y de la costilla que le había sacado formó Dios a una mujer y se la llevó a Adán (Génesis 2, 21-22).
Si interpretamos el texto literalmente, tenemos, en primer lugar, una creación simultánea del hombre y la mujer; pero luego la creación de la mujer parece estar subordinada a la del hombre.
Con relación a esta contradicción, se han formulado diferentes hipótesis.
Se decía que Adán era andrógino al principio y que este ser bisexuado fue luego dividido en hombre y mujer, punto de vista expresado ya en la tradición babilónica.
En la práctica, el «nacimiento» de Eva sería el resultado de la escisión del andrógino primordial, un hombre y una mujer:
Adán y Eva habían sido creados espalda contra espalda, unidos uno al otro por los hombros; entonces Dios los separó con un hachazo y los dividió en dos. Otros piensan de un modo diferente: el primer hombre (Adán) era hombre en su lado derecho y mujer del izquierdo, pero Dios lo escindió en dos mitades.
La tradición común de la androginia constituye una parte importante del Alfabeto de Ben Syrah, una colección de proverbios del siglo XI atribuido al autor del apócrifo Ecclesiasticus o Sabiduría de Jesús, hijo de Syrah; en esta obra Adán y Lilith están unidos en un solo cuerpo, según la interpretación esotérica del Génesis (1,27).
La tradición gnóstica, en la que convergen el mito platónico, el hermetismo y las tradiciones midrásicas, considera al Adán bíblico un espécimen bisexual próximo al modelo hermafrodita.
La interpretación problemática, de origen gnóstico, se formaliza en dos relatos del Génesis sobre la creación del hombre, dos momentos que, según algunos intérpretes, parecen oponerse, puesto que relatan una misma historia caracterizada por distintas facetas.
Además, el versículo 27 ha sido traducido de forma diferente, dejando vía libre a interpretaciones que incluso se oponen:
Et creavit Deus hominem a imaginem
suam: a imaginem Dei creavit illum,
masculum et foeminam creavit eos (Génesis 1, 27).
Sin embargo, algunos traducen también «lo creó varón y hembra», asentando las premisas que sostienen la hipótesis de la androginia primitiva de Adán. Para sostener dicha interpretación, podemos hacer referencia a la «segunda creación» del Génesis, donde esta vez hombre y mujer llegan a la vida en dos momentos diferentes:
Dios formó al hombre del lodo de la tierra; e inspiró en su rostro un soplo de vida, y el hombre recibió la vida (Génesis 2,7).
La relectura gnóstica de los versículos bíblicos parecería invocar en la práctica la androginia de Adán como un medio de recobrar la pureza inicial:
La nostalgia del retorno es, para la gnosis, también la nostalgia de la naturaleza de Adán. En él, las polaridades se invierten y se confunden sucesivamente, y entonces es posible hallar un esquema bisexual y otro asexual en la primera criatura de Dios. […] Los textos talmúdicos, haggádicos y midrásicos son muy claros a este respecto, y sus reflexiones se desarrollan según un método interpretativo habitual de los libros sagrados, en torno a dos redacciones, yahvista y elohista, de la creación del hombre en el Génesis y alrededor de un versículo de los Salmos, el verso 5 del salmo 139 («Por detrás y por delante me ha formado»), cuya exégesis es un motivo recurrente.15
Cabe añadir, además, que la extracción de la costilla (zelah) de Adán para dar vida a la mujer suele ser interpretada como la extracción del principio femenino ya contenido en el interior del primer hombre, tema ampliamente tratado en la lectura rabínica.
El hermafroditismo de Adán no debe ser visto únicamente como el simbolismo de la igualdad primitiva, sino también como la expresión de la nostalgia de la era del comienzo, en que el equilibrio y la completitud dominaban la existencia de los hombres. Mircea Eliade subraya que en el andrógino original se puede percibir una expresión de la perfección y de la totalidad, como muestran claramente muchas mitologías todavía presentes en la tradición ritual. En estas, los hombres hallan la manera de re apropiarse, por el mecanismo simbólico del rito, de una condición humana perfecta en la que los sexos coexisten en la divinidad, al mismo tiempo que el resto de cualidades y numerosos atributos desaparecidos.