Esoterismo y arte

esoterismo

Golconda, pintura de René Magritte

El vínculo entre el arte y lo que denominamos, aun de manera arbitraria, como esoterismo tiene orígenes muy antiguos. Para algunos estudiosos, podría incluso remontarse a las pinturas rupestres de la prehistoria.
Este vínculo no ha perdido consistencia y ha dado lugar a numerosas tesis, pero también a muchas conjeturas sin significado, que han llegado hasta nuestros días, aunque cuando más se afirmaron fue durante el Renacimiento.
En las láminas de Giorgione o El Bosco, en los frescos del palacio Schifanoia o en el laberinto iconográfico de la Capilla Sixtina, así como en otras muchas obras de diferentes periodos, los investigadores han captado toda una serie de símbolos esotéricos singulares.

Erwin Panofsky (1939) realiza una investigación iconológica que retoma las tesis de Cesare Ripa, autor cuatro siglos antes de una Iconología (1593) en la que se indica el camino que permite considerar el arte como «un razonamiento por imágenes». La investigación de Panofsky se ha basado en gran medida en el valor mágico y esotérico del arte. Considerada un método de interpretación histórica capaz de superar los aspectos puramente descriptivos y clasificadores del análisis, la iconología se presenta como el instrumento más apropiado para superar la apariencia y la representación en sí.

Esta clave de lectura es la que ha permitido a los eruditos descubrir, por ejemplo, unos vínculos sólidos entre El Parmigianino y la alquimia, entre Rembrandt y el satanismo, entre Leonardo da Vinci y la magia sexual, y así sucesivamente hasta llegar a Pollock, sin olvidar a Duchamp, De Chirico o Magritte.

Sin duda alguna, este tipo de lectura se afirma a través de dos directivas: para empezar, la relación atávica entre el artista y el universo del misterio y de lo sobrenatural, y, luego, el uso de una cultura esotérica en el enfoque de la tradición pictórica.

Artículos relacionados