El saber oscuro del doctor Fausto

esoterico

El anillo y la varita mágica atribuidos al doctor Fausto

Fausto es, sin duda, uno de los personajes que más ha estimulado la fantasía de escritores y músicos. Y es que el fondo de la historia de este inquieto doctor no se limita al tema de vender el alma al diablo. Según una hipótesis interpretativa más profunda, Fausto se convierte en un personaje que quiere ir más allá de las apariencias y que desea, como el esoterista, conocer lo que está reservado a un reducido número de elegidos, aunque se exponga a importantes riesgos.
Existen múltiples interpretaciones de la historia de Fausto; su expresión más reveladora se halla en la obra homónima de Charles Gounod (1818-1893), extraída de la obra de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832).
La historia es conocida: Fausto, viejo y cansado, pero consciente de su sabiduría y de su experiencia, invoca al diablo; Mefistófeles aparece y le promete darle todo lo que desee a cambio de su alma. Toda la historia se desarrolla en torno a la búsqueda desesperada del amor que no podrá ser satisfecho por Fausto.
En efecto, el personaje principal persigue durante toda la obra a su Margarita amada sin conseguir nunca conquistar su corazón. La mujer, antes que aceptar el compromiso de una existencia dominada por el mal, prefiere morir y salvar así su alma.
En la obra encontramos claras referencias a la tradición esotérica: una de las más reveladoras está constituida por la escena en que Margarita y Fausto asisten a la noche de Walpurgis. La leyenda cuenta que todas las noches, en las laderas del monte Brocken, en Harz, tendrá lugar la Walpurgisnacht, la mítica noche de Walpurgis: un gran sabbat en el que participan brujas procedentes de todas partes.
Paradójicamente, el origen de la fiesta hay que buscarlo en la figura de una santa, Walpurgis (710-779), de origen anglosajón, que llegó a Alemania para ser abadesa del monasterio de Heidenheim, donde vivió hasta su muerte. Aproximadamente un año después de su desaparición, las reliquias de la santa produjeron una esencia particular que resultó ser milagrosa. Según las creencias más divulgadas, en la noche del 30 de abril al 1 de mayo, los amantes de Satanás se reúnen para celebrar extraños ritos que los inquisidores consideran sabbat, pero que en realidad representan características muy cercanas a los cultos primaverales.
Fausto, gracias a su pacto con el diablo, asiste a la Walpurgisnacht, dentro de la categoría de adeptos a los que les está permitido conocer secretos ocultos, prohibidos para la mayoría de los mortales.
Producto del teatro de Christopher Marlowe (1564-1593), el mago Fausto no fue una creación original surgida de la imaginación de su autor, sino la reelaboración de un texto publicado en Frankfurt en 1587, Faustbuch. En este se narran las calaveradas de un teólogo, Johannes Faust, que, con ayuda de un libro mágico, invoca al demonio y le vende su alma; la obra termina con la muerte de Fausto, que es arrastrado por los demonios hasta el fondo del abismo del infierno.
Cabe decir que antes del Faustbuch circulaban numerosos relatos sobre el tema del comercio del alma con el diablo. Además, numerosas personas, a veces incluso respetables e influyentes, afirmaban haber conocido al diabólico doctor.
Aunque desde entonces se le considera un personaje histórico que vivió de 1480 a 1540, los datos sobre Fausto son limitados. Las fuentes hablan de un Magister Georgius Sabellicus, Faust júnior, fons necromanticorum, astrologus, magus se-cundus, chiromanticus, aeromanticus, pyromanticus, in hydrea arte secundus.
Théophile Gautier (1811-1872) realizó una versión cómica de Fausto. En su obra, el diablo es un elegante dandy, muy esmerado en su apariencia y sus modales; una especie de chichisbeo detrás del cual obra socarronamente Belcebú.
Como ya hemos dicho, fue Goethe quien confirió la versión definitiva de la leyenda al escribir su famoso Fausto.
Han sido muchas las interpretaciones de este personaje realizadas por grandes compositores como Wagner, Boito, Busoni y J. S. Bach.
Las leyendas sobre Fausto y las tradiciones han continuado divulgándose durante mucho tiempo. Generalmente, se le ha calificado como «el más destacado brujo de toda Alemania», aunque en realidad ha tenido un papel marginal en la historia del arte mágico.
Fausto es un símbolo con dos rostros: el primero, el que lo convierte en un ser negativo, mágico y nigromántico, ha sido utilizado para construir una figura emblemática del mal y el pecado; el segundo, en cambio, ha conferido a Fausto la imagen de un ser insatisfecho en búsqueda permanente de un saber secreto que pueda proporcionarle las respuestas que su condición humana no puede alcanzar.