El mundo de las fábulas y las leyendas

La caverna es un lugar particularmente apreciado por los esoteristas, porque constituye un ambiente misterioso muy vinculado a lo sagrado. Desde siempre ha sido objeto de las descripciones del ser humano.
Desde los templos subterráneos dedicados al dios Mitra hasta la gruta de Belén, estos lugares oscuros y cerrados han sido relacionados con frecuencia con el vientre materno y representan simbólicamente lugares de nacimiento y renacimiento.

La leyenda de los siete durmientes, narrada por Grégoire de Tours, es un ejemplo del simbolismo de la caverna en la literatura. En época de Diocleciano, siete jóvenes, Clément, Primus, Leto, Théodor, Gaudenzio, Quiríaco e Innocent, sobrinos de Martin de Tours, pasaron la primera parte de su vida sumidos en la pobreza, dedicándose a ayudar a los miserables. Luego se dirigieron a Tierra Santa, donde entraron en posesión de numerosas reliquias. Tras su peregrinaje, se retiraron a una gruta y vivieron en plegaria durante cuarenta años, alimentándose únicamente de pan, agua y raíces. Una noche, San Martín, fallecido veinte años antes, se les apareció en sueños. El santo predijo que iban a morir al día siguiente, sin sufrir. Y es lo que ocurrió. Al día siguiente entregaron su alma a Dios en la más absoluta paz. Los fieles que iban a verlos no se dieron cuenta de nada y siguieron pensando que los siete dormían. Sus cuerpos inmaculados siguieron siendo objeto de culto durante cuatro siglos, y la caverna de los siete durmientes se convirtió en un lugar al que acudían enfermos y personas que sufrían para pedir un milagro. Hasta aquí nos hemos basado sólo en la tradición hagiográfica.

La exégesis esotérica ha superado el objeto de devoción en el que se había convertido la leyenda y ha llegado a emitir la hipótesis de un vínculo entre los siete durmientes y los enanos de Blancanieves…
El punto de partida está constituido por el hecho de que, más allá del mundo bizantino y árabe, la leyenda se extendió por Occidente a partir del siglo V; encontramos rastros de ella hasta el siglo XIX en las literaturas nacionales de Goethe y los hermanos Grimm.

Conocemos el lugar en el que se desarrolla la leyenda: Efeso. Es la misma ciudad en la que la Virgen pasó la última parte de su vida, y es la primera de las siete (la cifra 7, de nuevo) Iglesias de Asia a las que se dirige el Apocalipsis de Juan. Asimismo, la ciudad de Efeso, según la tradición, es uno de los lugares de culto a María Magdalena más antiguos de Asia Menor. Su tumba está, a juzgar por algunas fuentes bizantinas, a la entrada de la gruta de los siete durmientes. Los siete jóvenes dormían, en efecto, en una gruta cercana a la sepultura de María Magdalena: esta imagen, para algunos especialistas del folclore, habría proporcionado a los hermanos Grimm la inspiración para crear la fábula de Blancanieves.
No son analogías demasiado convincentes, pero continuemos.

La leyenda de los siete durmientes fue creada para reforzar la fe en la resurrección de los cuerpos, puesta en duda por las corrientes heréticas.
El vínculo entre la leyenda y el cuento de los hermanos Grimm podría hallarse en la Historia Langobardorum («Crónica de los lombardos») de Paul Diacre, que estudió el acontecimiento y tuvo algunas repercusiones en Alemania. El historiador de los lombardos escribió que la «sepultura de los siete durmientes» se hallaba en Alemania; recordemos que luego el propio Goethe dedicó un poema a esta leyenda hagiográfica.

En la práctica, la fábula de Blancanieves se configuraría como la transposición mágica en Europa de la mujer que muere y luego renace en Efeso. Una interpretación esotérica libre capaz, por la articulación complicada de los símbolos y el uso de la comparación, de poner religión y fábula en el mismo plano. Casi como si fuera un juego…

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