El misterioso Mutus Líber

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Primera lámina del Mutus Líber

El Mutus LÍber es una de las experiencias más singulares e interesantes del arte alquímico. Un testimonio extremadamente destacado del universo simbólico que se articula en el interior de una estructura cifrada, en la que las palabras son reemplazadas por imágenes y sus múltiples aperturas en el terreno semántico.
La obra está constituida por quince láminas sin comentarios en las que los numerosos símbolos utilizados son orquestados con gran atención para que no se oscurezca completamente el mecanismo del sentido, que sólo es accesible al observador provisto de conocimientos apropiados sobre el Arte sagrado.
Las láminas, en la práctica, ilustran el proceso alquímico, de principio a fin, «narrando», con ayuda de la imagen, las diferentes fases que conducen a la conclusión de la obra.

Un sentido por descubrir
Las únicas partes escritas se hallan en la primera lámina, la que es utilizada como una especie de frontispicio en que el episodio del sueño de Jacob es propuesto como metáfora de la ascensión hacia el conocimiento. Veamos el contenido del breve comentario escrito:
Un libro mudo en el que toda la filosofía hermética aparece representada por figuras jeroglíficas, consagrado a Dios misericordioso, tres veces bueno y grande, y dedicado sólo 11 a los hijos del arte por un autor que responde al nombre de Altus.
Detrás del seudónimo de Altus se oculta, quizá, Jacques Tollé (1630-1696), un alquimista señalado como autor de transmutaciones muy numerosas, pero en este caso, una vez más, historia y mito se solapan, como suele ocurrir en la cultura alquímica.
El Mutus Líber, publicado en 1677, pone de relieve ya en la primera lámina la intención de incluir en la estructura iconográfica una larga serie de sentidos elaborados mezclando imagen y escritura.
Aprendemos lo siguiente de los conocedores del Arte:
El texto de la primera página nos informa de que toda filosofía hermética está representada en las figuras jeroglíficas y consagrada a Dios misericordioso; dedicado a los hijos del Arte, solis que, según el autor, nombrado Altus, incluso para nosotros hay un enigma en este texto. La palabra solis aparece escrita en caracteres algo distintos y tres letras han sido omitidas, de manera que es necesario leer querunt, o bien querit («que buscan»). Los hijos del Arte buscan precisamente el Sol filosófico, el sulfuro blanco y rojo.
Bajo la inscripción, en el lado izquierdo, el autor del Mutus Líber indica tres fuentes bíblicas, pero en grafía invertida, tal vez con la intención de hacerlas menos accesibles. El contenido de los versos indicados, sin embargo, sigue la tendencia del contenido del libro y, por tanto, existe una voluntad real de Altus de utilizar el mensaje escrito como un instrumento expresivo para introducir el contenido de la obra:

Que Dios te dé el rocío de los cielos,
las copiosas esencias de la tierra,
del trigo y del mosto en abundancia.

Que tu tierra sea bendecida por el Señor:
El posee lo mejor que hay en el cielo, el rocío,
y de los abismos que se extienden por las profundidades.

Israel reposa en paz,
única fuente de Jacob
sobre la tierra del trigo y el mosto,
y en su cielo, una gota de rocío.

Podemos notar que en estos versos domina la referencia a la tierra y a la fecundación a través del rocío, símbolo de abundancia. El rocío celeste, que Plinio denomina «hermano del cielo, saliva de los astros», es símbolo de redención y vivificación, tomado de la religión por la cabala y el hermetismo, convirtiéndose así en metáfora del conocimiento que desciende para fecundar la sed de aprender del adepto.
El rocío, por tanto, es una regeneración, la linfa que devuelve a la vida:

Revivirán los muertos, resucitarán sus cadáveres.
Alzaos y cantad los que yacéis en el polvo,
pues tu rocío es rocío de luz,
y renacerán las sombras del seno de la tierra.