El mándala, símbolo de «otro» espacio

esoterismo

Monjes pintando un mandala

¿Por qué tratar el mandala en las relaciones entre esoterismo y lugares sagrados?
Principalmente por dos motivos: el primero viene determinado por el hecho de que el mandala es la representación simbólica de espacios imaginarios y, a la vez, vinculados a la realidad (lugares de culto, mapas de templos); el segundo hace referencia al lenguaje del mandala, que, por su morfología, es una expresión muy viva del esoterismo. Las representaciones que lo componen, en efecto, sólo son comprensibles si se superan las barreras de la apariencia y se intentan captar los significados más profundos.
En esencia se trata de un fenómeno complejo que adquiere connotaciones esotéricas, puesto que es difícilmente interpretable si no se conoce la filosofía de base o si uno no está dispuesto a considerarlo como un instrumento que interiorizar y, a través de su recorrido gráfico, a ahondar en su propia relación con la metafísica.
Mandala significa en sánscrito «círculo» o «centro»; en el budismo y el hin-duismo tántrico, designa una representación geométrica compleja, utilizada en particular en las técnicas de meditación. En la práctica, es un instrumento sagrado cuyo origen se encuentra en formas de culto y ritos extremadamente antiguos y seguramente más elementales que los que forman parte de la cultura budista.
En conjunto, el mandala es un dibujo que delimita ritualmente un espacio sagrado y establece simbólicamente unas fronteras en cuyo interior se manifiesta el poder divino. En este sentido, el mandala se presenta como yantra, es decir, el objeto que mantiene la energía sagrada, y, por consiguiente, puede también ser un instrumento protector capaz de servir como amuleto contra las potencias negativas y demoniacas. Por tanto, puede ser transportado en las cajitas apropiadas.
Gráficamente, el mandala se estructura de la siguiente manera: está provisto de un trazado circular o cuadrado que representa la muralla que separa el espació sagrado del espacio profano; en el interior se hallan uno o varios círculos concéntricos que, a su vez, rodean un cuadrado y cuatro triángulos; en el centro de los triángulos y en el centro de toda la figura se hallan imágenes de las divinidades a las que se dedica el mándala. Existen variantes del esquema básico relacionadas con corrientes místico-esotéricas que recurren a la cultura del mándala para alcanzar sus objetivos especulativos.

PSICOANÁLISIS Y MÁNDALA
La «psicología de las profundidades», elaborada por C. G. Jung, establece determinadas relaciones entre la morfología gráfica del mándala y las representaciones oníricas de las numerosas personas estudiadas. Jung señala que el mándala entra en los arquetipos del inconsciente colectivo y sólo sale a la superficie en determinadas personas para las cuales el deseo de un «retorno al centro» es particularmente fuerte; es ese mismo deseo de superación de las estructuras laberínticas que laceran nuestras relaciones con los demás y con el mundo.