El esteticismo hermético de Oscar Wilde

Se ha señalado que el esteticismo de Oscar Wilde (1854-1900) tal vez redujera en el autor la atención por los aspectos esotéricos más profundos. Es una hipótesis creíble que se adapta perfectamente a este personaje extraordinario y único de la Inglaterra victoriana. Los aspectos esotéricos que se traslucen en todos sus escritos son, en realidad, huellas destacadas por los intérpretes, condicionadas, sin duda, por la profundidad y la exactitud del pensamiento de uno de los intelectuales más fascinantes de la historia.
Wilde estaba seguro de que su infatigable búsqueda de la belleza correspondía a una ascensión hacia una especie de Condenación eterna comprensible en un terreno esotérico, algo que correspondía, por tanto, a una especie de pasaje, destinado a alcanzar la muerte de las miserias humanas y el renacimiento de la espiritualidad.
Su célebre frase «Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está destinado a la muerte» puede ser considerada una declaración sobre la necesidad de perder los límites de lo humano a través del recorrido iniciático. Un camino que puede ser afrontado mediante la superación de las apariencias y la búsqueda de los significados herméticos de la obra de arte.
Por otra parte, como Wilde indica en el prólogo de El retrato de Dorian Gray, «todo arte es a la vez superficie y símbolo. Quienes se sumergen bajo la superficie lo hacen por su cuenta y riesgo. Quienes descifran los símbolos lo hacen por su cuenta y riesgo».
El escritor, por tanto, estaba convencido de que detrás de la apariencia había algo más. No obstante, a diferencia del enfoque esotérico puro, Wilde consideraba la belleza como el único medio de captar los mensajes más profundos del lenguaje del arte.
En El retrato de Donan Gray, Oscar Wilde pone de relieve el papel esotérico del arte al trasladarlo al interior de una narración que corresponde a la tradición inglesa de las novelas de terror, aunque estas suelen estar caracterizadas por valores muy distintos. Como un nuevo Fausto, Dorian Gray consigue oponerse a las leyes de la naturaleza conservando inmutable su aspecto, mientras que el tiempo se ensaña con el retrato, fetiche del cuerpo del protagonista. El alma, en cambio, sigue siendo una prerrogativa de Gray, que soporta su peso hasta el aplastamiento.
Lo que el retrato revela es sólo la apariencia (aspecto exotérico), pero oculta algo más profundo, la verdadera esencia del individuo representado (aspecto esotérico), comprensible sólo por el adepto, capaz de descifrar el lenguaje del símbolo. Un símbolo que en El retrato de Dorian Gray llega hasta la apoteosis, ilustrando lo que Wilde designaba como el deber más importante del artista: «Hacer comprender la belleza de la derrota».
Volvemos así al binomio inicial belleza/muerte que aparece en muchas páginas de Wilde y que cristaliza límpidamente en las ilustraciones que Aubrey Beardsley realizó para algunas de sus obras.
Belleza y muerte serán las compañeras del gran intelectual irlandés, en particular en los últimos años de su vida, antes y después de su terrible experiencia en prisión, donde fue encerrado por mantener una relación homosexual.

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