El esoterismo en la naturaleza

videncia

Simbolismo del hombre como microcosmos

¿Puede ser esotérica la naturaleza? La respuesta es que sí, si escuchamos a los filósofos; la perspectiva cambia por completo, en cambio, si nos fiamos de la impresión de algunos intelectuales que, en una concepción rígidamente positivista, consideran la naturaleza como un universo sin secretos, del que podemos estudiar el mínimo rincón, incluso el más oscuro.
El choque ontologico entre estos dos puntos de vista parece irreconciliable y, desde siempre, ha colocado a los partidarios de las distintas ópticas interpretativas en planos destinados a no encontrarse nunca.
Para comprender el notable valor esotérico de la naturaleza, en particular en algunas de sus manifestaciones y características, basta con considerar su peso simbólico dentro de las religiones.
En efecto, ya durante la prehistoria algunos fenómenos naturales como la luz y
el calor del sol, los ciclos de las estaciones, el rayo y algunas particularidades del entorno destinadas a alimentar las imágenes del inconsciente se consideraron portadores de significaciones no humanas y comprensibles sólo por quienes conocían la lengua de la divinidad (esotérica).
Los esoteristas, a través de los símbolos de las religiones y con el fin de descubrir los vínculos entre microcosmos y macrocosmos (y, por tanto, entre el ser humano y el universo), han podido poner de relieve que la naturaleza también puede estar provista de un lenguaje hermético propio con influencias no sólo en las mitologías y las religiones, sino en toda una cultura humana, ofreciendo en algunos casos una doble lectura de los fenómenos naturales.
Por ejemplo, junto a la apariencia de una montaña, de una fuente o de un bosque, con todas las alusiones que estos temas pueden determinar en el espíritu, se halla un contenido más profundo, hermético, que remite a un lenguaje común, compartido por quienes han convertido el símbolo en una herramienta principal de comunicación.