Esoterismo: El dragón

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La muerte del dragón suele ser el símbolo de la victoria del bien contra el mal.

El dragón es la representación objetiva de una especie de caos inconsciente, atávicamente depositado en nuestro espíritu a través de un aparato simbólico múltipie. Tanto si se trata del eterno castigador del Apocalipsis como del gran reptil algo ingenuo, capaz de lanzar llamas por sus orificios nasales, el dragón es la representación de la bestialidad carente de todo vínculo con los hombres: el mal primitivo conservado en su propia estructura antediluviana, la energía en la que están contenidos los cuatro elementos principales:
— agua: cuerpo del reptil;
— tierra: cuerpo del reptil;
— aire: alas para volar;
— fuego: lanzamiento de llamas.
Con mucha frecuencia, en la tradición esotérica el dragón es considerado como una especie de «guardián de la puerta», una criatura guardiana de tesoros subterráneos, casi siempre inaccesibles para el común de los mortales, si no es a través de un itinerario de tipo iniciático. El vínculo con el universo ctónico ha convertido al dragón en el animal telúrico por excelencia, hasta influir en algunos aspectos del pensamiento geológico: el ecléctico Kircher, en su Mundi subterranei (1678), afirmaba que el subsuelo estaba habitado por monstruos terribles y por el inaccesible dragón.
Es difícil establecer la fecha de aparición de las leyendas vinculadas al dragón. Aun cuando la mitología de muchos países, alejados unos de otros, es muy rica (del Illuyankas hitita al Dragua avéstico, del dragón Cymr de las sagas célticas a los híbridos griegos, pasando por los numerosos seres anormales que la tradición cristiana ha extraído de las historias paganas), no poseemos una base científica sobre la cual elaborar tesis interpretativas aceptables.
Cabe añadir que en la tradición artística medieval, y en particular en las representaciones sagradas, la entrada a los Infiernos solía estar representada por una boca de dragón abierta. La «bestia inmunda» era para el cristianismo la alegoría de un paganismo que había que destruir o, al menos, relegar a terrenos limitados o periféricos, como en el Apocalipsis, en que la muerte del dragón anuncia una nueva era espiritual.
En la tradición alquímica, con el huevo se indica la forma que permite la transmutación y determina la mutación que está en la base del paso del vil al noble metal.