El complejo universo de La divina comedia

Aunque no se posea ninguna noción de historia de la literatura y nunca se haya abierto La divina comedia, nadie puede evitar constatar, ante las más hermosas páginas de la literatura medieval, que esta obra extraordinaria se apoya fuertemente en una estructura de tradición esotérica. Esta característica es reforzada por el uso de la alegoría (metáfora continua), que confiere a la narración una posición fundada en la alusión, el símbolo y el significado que hay detrás de la apariencia de las imágenes evocadas.
Iniciada en 1307 y terminada en los últimos años de vida del autor, La comedia (el adjetivo divino fue añadido en 1373 por Bocaccio) está dividida en tres partes: El Infierno, El Purgatorio y El Paraíso (para un total de cien cantos), y su estructura refleja el sistema tolomaico, que sitúa a la Tierra en el centro del universo.
El viaje emprendido por Dante, «a mitad del camino de nuestra vida», refleja la búsqueda de lo divino a través de un recorrido que va de abajo arriba y que, casi como en un recorrido alquímico, se inicia en el estadio de la imperfección y se dirige hacia la perfección, de la que el viajero saldrá purificado, transformado.
Para afrontar este intrépido itinerario, el debutante necesita un guía (Virgilio) que no sólo sepa mostrarle el camino, sino que también pueda traducirle los símbolos ocultos en el rudo mundo de las almas.
El primero en proponer una interpretación esotérica de la obra de Dante fue Gabriele Rossetti (1783-1854) en su ensayo Misticismo della Divina Comedia, en la que subrayaba cómo la estructura del libro, aunque se desarrollaba en medio de un auténtico bosque de símbolos, se basaba, sobre todo, en el enfrenta-miento ontológico entre el bien y el mal, apoyándose en una estructura de tradición esotérica.

El lenguaje secreto, que se deriva de los dos principios del bien y del mal, se establece ante todo en la antítesis que transforma las ideas opuestas en cosas opuestas. Toda esta gran máquina figurada se eleva para ello por encima de un enlosado de mosaicos, conocido como enlosado egipcio, formado por piedras negras y piedras blancas que significan físicamente tinieblas y luz, moralmente vicio y virtud, intelectualmente error y verdad.

Además, para Rossetti, la obra de Dante estaría llena de referencias al rito de la iniciación: el investigador, en efecto, entreveía en la obra modelos y símbolos que comparaba con la práctica francmasona.
Más tarde, Rene Guénon (1886-1951), uno de los maestros de la tradición esotérica contemporánea, aislará determinados temas herméticos principales de La divina comedia en su libro El esoterismo de Dante.
La convicción de que Dante configuró su obra como una construcción esotérica parece evidente, para Guénon, en las palabras del ilustre poeta en el canto IX de El Infierno:

Vosotros que tenéis la mente sana,
observad la doctrina que se esconde
bajo el velo de versos enigmáticos.

Guénon no tiene ninguna duda: «En estas palabras, Dante indica de manera muy explícita que existe un sentido oculto en su obra, propiamente doctrinal, cuyo sentido exterior y aparente no es más que un velo, y que debe ser buscado por quienes son capaces de penetrar en él».
Dante, en efecto, ya en El banquete, había puesto de relieve el papel esotérico de la literatura: «La escritura puede comprenderse y debe desarrollarse al máximo para los cuatro sentidos» (II, 1).
Los estudiosos que se han lanzado a la ardua tarea de conseguir encontrar una única trayectoria esotérica que caracterice ha divina comedia a menudo han tenido que renunciar a su empresa. Y es que la obra maestra de Dante propone toda una serie de pistas de lectura en una perspectiva hermética y, por tanto, resulta bastante difícil definir un único itinerario exegético.
Dante fue acusado de herejía e, incluso, de ser un pagano; sin embargo, cabe destacar que los especialistas en esoterismo sostienen que la metafísica no es pagana ni cristiana, sino universal.
El Museo de Viena alberga un indicio singular que sostiene la hipótesis de un Dante particularmente abierto a la búsqueda de un lenguaje poético estrechamente vinculado al esoterismo. Se trata de dos medallas: la primera representa a Dante y la segunda al pintor Pietro da Pisa; ambas, en el reverso, presentan la inscripción FSKIPFT, que algunos interpretan como el acrónimo de Frater Sacrae Kadosch, Imperialis Frincipatus, Frater Templarius.
Según Rene Guénon, esta interpretación es totalmente incorrecta, sobre todo en lo relativo a las primeras letras, que deberían ser interpretadas de este modo:

Fidei Sanctae Kadosch. La Asociación de la Santa Fe, de la que Dante parece haber sido uno de los líderes, era una orden de filiación templaría, lo cual justifica el sobrenombre de Frater Templarius, mientras que sus dignatarios llevaban el nombre de Kadosch, término hebreo que significa «santo» o «consagrado», y que ha sido conservado hasta nuestros días en los grados más elevados de la francmasonería.
Se comprende así por qué Dante tomó a San Bernardo como guía para el fin del viaje celestial, ya que fue quien estableció la regla de la Orden del Temple; y Dante parece haber querido indicar de este modo cómo sólo gracias a este, en las condiciones propias de su época, era posible el acceso al grado supremo de la jerarquía espiritual.

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