El basilisco

tarot

Roger montado sobre un hipogrifo rescata a Angélica, pintura de Ingres

Otro animal mítico del que se ha adueñado la tradición esotérica es el basilisco. La descripción más antigua de este monstruo nos lleva hasta Plinio el Viejo:
Este nace en la provincia de la Cirenaica, y no supera los doce dedos de longitud; y posee una marca blanca en la cabeza, a modo de diadema. Con un silbido, ahuyenta a todas las serpientes; se desplaza como la serpiente, pero camina con la mitad del cuerpo erguida, hasta arriba. Las flores se marchitan cuando las toca, y quema la hierba y rompe las piedras. Esta bestia tiene mucha fuerza. Se dice que, asesinada por la lanza de un hombre montado a caballo, el veneno ascendió por la lanza y mató no sólo al hombre, sino también al caballo. Y para este monstruo (que a menudo los reyes han deseado ver muerto) la comadreja es un veneno mortal, porque la naturaleza no ha querido hacer algo 1 que no tenga rival. Quienes desean acabar con los basiliscos arrojan comadrejas en sus cavernas y estas los matan de forma horrible; y ellas mueren también a causa del olor, y la naturaleza ofrece así su batalla. El basilisco ha ahuyentado a las demás serpientes porque las mata por el olor; y se cuenta que mata al hombre con sólo mirarlo; no obstante, los magos pronuncian alabanzas maravillosas de su sangre, que endurece como el carbón y que, al mojarse, presenta un color más claro que el cinabrio. Se le reconoce la propiedad de satisfacer las solicitudes hechas a los príncipes, los magistrados y Dios para curar y liberarse de las enfermedades. Algunos llaman a esta sangre «sangre de Saturno».
La tradición literaria medieval explotó ampliamente esta descripción y encontró el modo de referirse a determinadas influencias de origen clásico y hebreo.
Generalmente, se decía del basilisco que había nacido del huevo puesto por un gallo de siete años, fecundado por una serpiente e incubado por un sapo. A partir de este complejo origen vio la luz un híbrido, con el cuerpo de gallo y la cola de serpiente; resulta interesante destacar que la cresta del gallo era una especie de corona, y como tal fue utilizada en muchas representaciones iconográficas (basilisco podría derivar del griego basilikon, «real»). El supuesto poder del basilisco de matar al ser humano con una simple mirada puede entenderse como una enfatización de determinadas tradiciones populares: historias que forman parte del conjunto de creencias tejidas alrededor del poder maléfico de la mirada atribuido a algunos animales y luego integradas en las supersticiones conocidas como «mal de ojo».
La génesis del huevo de gallo reviste un aspecto más histórico y halla una respuesta bíblica en Isaías (59, 5): «Entreabrieron la nidada de áspides y tejieron telas de araña. Quien de dichos huevos coma, morirá; y si estos son empollados saldrán basiliscos».
La simbiosis entre el gallo y la serpiente sugiere, evidentemente, numerosas interpretaciones simbólicas que, desde la Antigüedad, han ofrecido a los estudiosos una gran cantidad de posibilidades de análisis. En conjunto, hay que señalar que la combinación entre los dos animales no debe ser comprendida como un hecho sorprendente.
No es insólito que la serpiente y el gallo se asocien. Ambos son animales consagrados a Hermes y a Asclepio. Parece que existen dos significados simbólicos que los acercan: se trata de animales relacionados con la muerte, pero que poseen valores de continuidad a través de la resurrección (el gallo anuncia el nacimiento del día, la serpiente renace al mudar la piel; el vínculo mismo con Hermes, que conducía las almas de los mortales, y con Asclepio, famoso por las resurrecciones que obraba, subraya la bivalencia muerte-renacimiento).
El hipogrifo
En la cultura esotérica, entre las numerosas criaturas imposibles encontramos también el hipogrifo, que aparece oficialmente en el Orlando furioso. Sin embargo, está presente en la tradición clásica bajo diferentes características y tiene en Pegaso su expresión más viva. En conjunto, podemos imaginar al hipogrifo como un grifo cuyas partes de león son reemplazadas por las de un caballo: en realidad, un caballo dotado de alas y con la cabeza de águila.