Dibujos en el cuerpo

Otros signos esotéricos de la mafia (presentes también en otras asociaciones, no necesariamente del mismo carácter) los encontramos en los tatuajes: los más significativos están constituidos por pequeños signos destinados a indicar el grado alcanzado por la persona que forma parte de la sociedad criminal.
Cesare Lombroso, padre de la antropología criminal, aproximaba el tatuaje al atavismo interpretando esta expresión como reproducción de una costumbre muy extendida entre las poblaciones primitivas y entre los salvajes, con la que los criminales presentan tantas afinidades, como se ha hecho alusión, con la violencia de las pasiones y porque encontramos en ella la misma sensibilidad atormentada, la misma vanidad pueril y la larga ociosidad; y también el atavismo histórico como sustitución de una escritura marcada por símbolos y jeroglíficos que poseen un alfabeto común.
Lombroso, que tuvo la posibilidad de evaluar a «10.234 individuos, entre los que había 3.986 soldados honestos y 6.348 criminales, prostitutas o soldados delincuentes», fue el primero en poner en evidencia la existencia de una temática del tatuaje, referida generalmente al amor, a la guerra, al oficio, «huellas eternas de las ideas y de las pasiones predominantes en el hombre del pueblo».
En general, la observación de los tatuajes en los prisioneros llevó a los criminólogos de finales del siglo XIX a aislar una serie de temas recurrentes: imitación (32 %), aburrimiento y juego (29 %), recuerdo (8 %), encanto del tatuaje (7 %), orden o insistencia del tatuador (6 %), lascivia (5 %), inmadurez (5 %), estupidez o ignorancia (4 %), intoxicación alcohólica (2 %), sin motivación específica (2 %). En lo que respecta a la localización de los tatuajes de los prisioneros, Lombroso subrayaba que el 95 % estaban situados en las zonas superiores, un 3 % en el torso, un 0,7 % en otras partes del torso, un 0,9 % en las partes inferiores y el 0,4 % en la cara.

EL tatuaje
¿Por qué hablar de tatuaje en un libro sobre esoterismo? La referencia es obligatoria por el simple motivo de que este tipo de dibujo en el cuerpo constituye, en todas las culturas, una especie de lenguaje «alternativo» mediante el cual se desea comunicar significados específicos a quienes saben interpretarlos. El tatuaje desempeñó en el pasado un papel emblemático dentro de grupos marginales (delincuentes, miembros de grupos secretos, etc.). El lenguaje simbólico del tatuaje es complejo. Reúne experiencias distintas en las que se puede visualizar una intención que tiene su origen en la tradición tribal. El término tatuaje procede del francés tatouage y parece que este, a su vez, de la palabra polinesia ta tau, que designa adornos y dibujos realizados en la piel mediante la introducción de sustancias coloreadas en la capa profunda de la epidermis.
Encontramos los primeros indicios históricos de la práctica del tatuaje en las momias egipcias y peruanas. El ejemplo más antiguo que se conoce es el tatuaje que se halló en el cuerpo de una sacerdotisa de Hathor de la XI dinastía, del año 2200 a. de C. aproximadamente. En la tumba escita de Pazryk, en Siberia, que se remonta al siglo IV, se encontró el cuerpo congelado de un hombre con los brazos y las piernas cubiertos de tatuajes.
Según la tradición, el tatuaje generalmente determina un grupo de pertenencia, obedece a una estimulación primaria relacionada con la voluntad de autoidentificación, afirmada con el uso de un símbolo iconográfico preciso. Y es que se saben muchas cosas acerca del uso de tatuajes o de pinturas corporales en las culturas primitivas, en que la decoración efectuada según modelos tradicionales (presentes no sólo en los cuerpos, sino también en objetos relacionados con los contextos rituales) desempeñaba un papel cultural importante. En este contexto, la decoración corporal se vincula con frecuencia a la práctica ritual e indica que el individuo ha alcanzado un estado social particular. En muchas culturas de África y Oceanía, la entrada en el grupo de los adultos sexualmente maduros es indicada por tatuajes y pinturas corporales: un signo visible del acceso a un contexto más elevado. Cuando un hombre lleva a cabo cierto tipo de acción también es «marcado» para ser designado de forma emblemática como el que ha alcanzado un nivel destinado a ser temido y, por tanto, a no ser subestimado.