Debussy, Satie y el simbolismo

esoterico

Erik Satie

Quienes, como A. C. Ambesi, saben identificar las sutiles relaciones que existen entre música y esoterismo, evidencian la atención preeminente que prestaba Claude Debussy (1862-1918) al lenguaje simbólico. Su amistad con E. Satie (1866-1929) fue determinante en este sentido, puesto que estaba vinculado a la tradición de la Rosacruz y era autor de algunas músicas de gran valor simbólico, como Los hijos de las estrellas o Sonnerie de la Rose-Croix.
Debussy se aproxima al esoterismo con La señorita elegida, dando música a un texto de D. G. Rossetti. Sin embargo, es en la obra lírica Pelleasy Melisanda, escrita a partir del drama de Maeterlinck, donde el musico, formado a través de la poesía de Verlaine y Mallarmé, realiza su obra maestra del simbolismo. Una obra lírica en la que la referencia al estado que conduce al conocimiento está intensamente trazada ya en la primera escena, llena de potentes imágenes alegóricas, como el bosque y la fuente. Ahí es donde Melisanda inicia su camino de aprendizaje, partiendo del nivel más bajo, aquel en el que «ella ya no es nada»; ella afirma realmente no recordar nada de su propio pasado y se lanza en busca de una identidad todavía misteriosa.

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