¿Carbonarios esoteristas?

La carboneria (carbonarismo) ha sido objeto de estudio, sobre todo desde el punto de vista histórico, por su importancia durante el periodo del Risorgimento (unificación italiana).
En realidad, como afirman muchos expertos, el carbonarismo, aun siendo una organización que luchaba por la libertad de los pueblos que sufrían el yugo del invasor, poseía en su estructura íntima una fuerte conexión con la cultura esotérica.

Emblemática en este sentido, gracias a su retorno a la alquimia, la referencia al carbón estaba presente entre los fundadores de esta asociación secreta:
El carbón es obtenido a partir de la madera salvaje, fuerte y libre; está hecho de madera verde, verde como la juventud y la esperanza; es negro como la conspiración, pero al igual que esta, está dispuesto a alimentar el rojo fuego de la revuelta, el calor del amor patriótico y la luz de la verdad.
El carbonarismo debe su nombre a la legendaria cofradía de San Teobaldo, que, a principios del siglo XVIII, vivía aislada en los bosques franceses y se dedicaba a la producción y venta de carbón. Según algunos expertos, en el origen de la sociedad secreta italiana hubo una filiación con los carboneros, que se inspiraban en el culto de San Teobaldo. Estos se reunían en una asociación artesana del Franco Condado con connotaciones mutualistas y religiosas y tal vez incorporaron ritos y símbolos de la francmasonería y del misticismo cristiano.

Dejando a un lado todos los aspectos históricos y concentrándonos exclusivamente en estos símbolos, cabe destacar que el carbonarismo ha sido asociado a menudo a la francmasonería, de la que algunos piensan que deriva, pero los exegetas han llevado más lejos esta tesis, hasta imaginar vínculos con los templarios. Esta última hipótesis sigue siendo bastante dudosa.

Está demostrado que el nombre procede de los carboneros franceses del Jura, una modesta sociedad de oficio que se oponía al absolutismo de Napoleón. Inspirándose en la estructura masónica, los militantes italianos se habían organizado en pequeñas logias denominadas «ventas» (en referencia a la reventa del carbón) o «barracas». Contaban veinte hombres cada una y enviaban representantes a la Gran Venta central, la única que conocía toda la organización.
La Gran Venta era depositaria de dos obras en las que se conservaban los secretos de la asociación: el Libro de oro de las reglas y el Libro negro de los enemigos y traidores. En el primer libro se habían incluido las fórmulas rituales y las prácticas simbólicas utilizadas por el grupo; en el segundo, en cambio, estaban recogidos los nombres de quienes, de distintas maneras, habían obrado contra el carbonarismo. Los nombres de estas personas eran leídos en voz alta y acompañados de maldiciones durante reuniones extremadamente secretas; en determinados casos, se llegaba a quemar públicamente las efigies de los enemigos: desde esta perspectiva, la asociación estaba impregnada de una fuerte tradición mágico-ocultista.
En 1830, en Marsella, un joven carbonario, Giuseppe Mazzini (1805-1872), fundó una nueva sociedad secreta, la Giovine Italia. Aunque aparecía con una fisonomía más moderna y, sobre todo, estaba caracterizada por una línea política más resuelta, tenía en su fundador a un miembro extremadamente vinculado a la cultura esotérica y al ocultismo. No faltan las pruebas de esta predisposición, especialmente sus escritos. Su interés por el espiritismo era muy elevado: «Lo que los hombres llaman muerte no es más que una transformación: un día volveréis a ver a quienes amáis y os aman».
El espíritu de Mazzini era a menudo invocado, de forma significativa, en las sesiones de espiritismo y se le consideraba una entidad particularmente disponible y siempre portadora de revelaciones importantes…
El pensador genovés es considerado por muchos esoteristas como el predecesor de esta espiritualidad alternativa hoy denominada New Age:
Las palabras del profeta de la Giovine Italia parecen ser acordes al esoterismo contemporáneo. Las relaciones entre Mazzini y el esoterismo fueron explícitas: conoció a Blavatsky y fue amigo de John Yarker, Gran Hierofante de Memphis-Misraim, rito masónico esotérico al que pertenecía también Garibaldi.