Los fenoderee

duendesA diferencia de sus primos cercanos, los brownies de Escocia y Gales, los fenoderee tienen una estatura similar a la humana, pero con una fuerza ciclópea, capaz de levantar pesos con los que no podrían veinte hombres, y de realizar el trabajo de otros tantos.
Su especialidad es el manejo del yiarn mooar (guadaña, en lengua manx), así como trillar, rastrillar y armar las gavillas, labores en las que puede hacer en una hora la tarea de diez labradores expertos en un día; sin embargo, no desdeña otros trabajos, como acarrear piedras para la construcción y encerrar los animales de corral. Acerca de esto, en la región de Cranstal, en el extremo norte de la isla, corre una anécdota curiosa, que cuenta cómo un día el fenoderee -cuya inteligencia no corre pareja con su fuerza- pasó varias horas tratando de encerrar a una liebre junto con el rebaño de las cabras.
Físicamente, el fenoderee, al igual que sus primos los brownies, tiene el cuerpo cubierto de un vello largo e hirsuto, no usa ropa alguna y se ofende si intentan regalarle alguna prenda de vestir. Sus piernas son delgadas, tanto que no parecen capaces de soportar la tremenda fuerza física que pueden desarrollar su torso morrudo y sus fuertes brazos y manos.
Se cuenta que un día el fenoderee quiso estrechar la mano de un herrero del pueblo quien, precavido, le extendió una reja de arado, que el duende retorció hasta dejarla inservible, mientras comentaba satisfecho: “Me alegro porque veo que aún queda algún hombre fuerte en Man”.
Sin embargo, la fealdad y la falta de luces del duende tiene una historia triste y romántica ya que, según la leyenda, el fenoderee era, originalmente, un joven normal para los cánones humanos; alto y apuesto, su inteligencia brillaba en el firmamento del fairyshin, el clan de la “gente pequeña” de la Isla de Man. Pero a pesar de pertenecer a la corte feérica, el duende estaba perdidamente enamorado de una hermosa mortal residente en el pueblo de Maughold, a tal punto que un día cometió el desacato de faltar a una de las fiestas de Samhain, para irse a bailar con su prometida al valle de Rushen.
Por su falta, fue castigado duramente, convirtiéndoselo en el ser horrible y tonto que es ahora. Sin embargo, también se cuenta que Finbheara, el rey de todos los seres mágicos celtas, se apiadó de él y le dio, a cambio, la terrible fortaleza y la capacidad de trabajo que lo caracteriza y hace que la gente lo aprecie y lo respete.

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