Los brownies

duendesSon los primos escoceses e ingleses de los leprechauns irlandeses, y se encuentran desperdigados por las Tierras Altas de Escocia (Highlands), donde se los denominaba bodach en gaélico-escocés; las Tierras Bajas (Lowlands), donde se los conoce como brunaidh; los condados del norte y este de Inglaterra, que fue donde nació el término brownie; el País de Gales (bwca o bookah) y la Isla de Man, bajo el nombre de fenoderee, aunque esta asimilación no está totalmente aceptada.
Físicamente se los describe como seres diminutos de entre 30 y 60 cms. de estatura, de tez oscura y apergaminada, con el cuerpo cubierto de un vello similar a la lana de las ovejas, a tal punto que muchas veces ni se molestan en vestirse. Cuando lo hacen, utilizan un sombrero de copa verde y una ropa marrón raída y andrajosa, pero sería un error mostrarles lástima por ello, porque si se les regalara ropa nueva, nunca más volveríamos a verlos. Como características distintivas, diremos que los bodach carecen de dedos en manos y pies, los brownies de nariz, los bwca pueden cambiar de forma a voluntad y los fenoderee tienen una talla bastante mayor, casi similar a la humana.
Hace muchos años atrás, cuando el mundo aún no había sido invadido por la tecnología, cada hogar era «adoptado» por un tipo de brownie, según la región; dormían en los establos durante el día, y por la noche se encargaban de los quehaceres más odiados por el resto de los sirvientes, corno trillar, segar, limpiar los gallineros y los chiqueros y otras tareas desagradables, hasta convertirse en indispensables. Incluso se apegaban tanto a la casa que solían mudarse cuando la familia cambiaba de domicilio, pero si se los ofendía gravemente, podían convertirse fácilmente en boggarts, y provocar serios daños en la casa o en la granja. Un caso típico de esta conversión es la del «brownie de Cranshaws», en la región de Berwickshire,
…que siempre trillaba y segaba el trigo de la granja en que vivía, hasta que un día oyó un comentario despectivo sobre la calidad de su trabajo, ante lo cual exclamó furioso:
—¿Así que mi trabajo está mal hecho? ¡Entonces a ver cuánto les cuesta a ustedes sacar la cosecha del Barranco del Cuervo, donde voy a arrojarla ahora mismo!
Y poniendo manos a la obra, y antes de que pudieran impedírselo, completó la siega y arrojó todo el trigo en dicho barranco, de donde jamás pudieron recuperarlo.
Sin embargo, por todos estos esfuerzos, el brownie sólo aceptaba un cuenco de crema, un panecillo recién hecho o una torta recubierta de miel, con lo que se daba por bien pago. Claro que estos alimentos debían ser dejados como al descuido, ya que, si se le ofrecía otro tipo de pago, especialmente ropas, se ofendía y se marchaba inmediatamente de la casa. En muchos de los hogares antiguos existía lo que se conocía como «piedra del brownie», lugar donde se depositaban las ofrendas; en las casas donde se destilaba la cerveza que se consumía, era costumbre disponer en la piedra del brownie un poco de la primera malta fermentada, para que de esa forma el duende vigilara y acelerara el proceso.
Otra de las muestras de abnegación, esta vez de un bodach de las Tierras Altas que trabajaba en la granja Kirkton A/lanor, junto al río Eddleston, cuenta que:
…si había una persona en el mundo a quien Nick (que así se llamaba el duende) idolatraba, era a la hija de su amo, con quien compartía todos sus secretos, incluso algunos que no contaba ni a sus propios padres. Así, cuando se enamoró, fue el bodach quien primero se enteró, y de inmediato se encargó de ocuparse de los preparativos de la boda.
A su debido tiempo llegó la época de la maternidad, y cuando se presentaron los dolores del porto, el amo encomendó al mozo del establo que fuera a buscar a la comadrona, pero el Eddleston venía crecido aquella noche, así que, al ver que el mozo demoraba el cumplimiento de la orden, fue el bodach quien montó la mejor yegua de la tropilla y salió en busca de la partera.
Al llegar al río, Nick, sin dudarlo un instante, se arrojó a las embravecidas aguas, logró cruzar el torrente y regresó hasta la ribera con la anciana matrona, quien le previno:
-No pases cerca del Loch Ayr, pues podríamos encontrarnos con el bodach.
-No te preocupes, buena mujer. Por esta noche, ya te has encontrado a todos los bodach con que podrías hacerlo.
Y dicho esto, lanzó la yegua a las aguas y la condujo sana y salva hacia la orilla opuesta. Al llegar o la mansión, condujo a la mujer a la presencia de la parturienta y, como al regresar vio al mozo del establo que aún se estaba calzando su segunda bota, le propinó una zurra que el muchacho tardó uno semana en recuperarse.

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