Levitación de los duendes

Si bien en las tradiciones populares de casi todo el mundo, la capacidad del vuelo se le adjudica fundamentalmente a las hadas, generalmente provistas de alas, también los duendes del aire pueden desplazarse por el medio aéreo, gracias a sus poderes de levitación, a veces directamente, y otras mediante varas de saúco a las que les sujetan ramillas y hojas de sauce (willow), en forma de escoba de bruja.
Otra de las formas de vuelo de los duendes requiere el uso de prendas de ropa, tales como gorros, túnicas, etc., hecho que se encuentra perfectamente representado en una narración recopilada por Lady Wilde en el condado de Sligo en el siglo XIX. Un resumen de la historia cuenta que:
…un joven campesino cruzaba una noche un bosque de alisos cuando, cansado por la caminata, decidió pedir asilo en una humilde choza de turba cuya luz se filtraba a través de una ventana.
Al llamar a la puerta, fue recibido por un diminuto ser, de apariencia muy anciano, que cortésmente lo invitó a pasar; al hacerlo, el joven descubrió sentado a la mesa a otro hombre, tan pequeño como el anterior, aunque más joven. Luego de una abundante cena, el humano se durmió profundamente, pero a la medianoche fue despertado por unos movimientos y cuchicheos extraños y vio que ambos hombres se colocaban unas raras vestiduras blancas, tras lo cual el hombre mayor dijo:
—¡Allá voy!
A lo que el más joven respondió:
—¡Yo te sigo! -y de inmediato ambos desaparecieron volando a través de la ventana.
Intrigado por lo sucedido, el muchacho tomó otra túnica similar que había quedado sobre la mesa y exclamó:
—¡Y yo los sigo a ambos! -y así se vio repentinamente sentado sobre un tonel del cual sus dos ocasionales compañeros ya se encontraban escanciando sendas jarras de whisky. Imitándolos, el muchacho pronto se encontró en un estado de ebriedad completa y cayó dormido sobre unas bolsas de cebada apiladas en un rincón. A la mañana siguiente, luego de una terrible borrachera, los criados del castillo, en cuya bodega se encontraba, lo pusieron en manos de la justicia, que lo condenó a la horca por invadir la bodega del conde.
Sin embargo, cuando la ejecución estaba punto de concretarse, desde la muchedumbre que la presenciaba surgió un viejecito de larga varba blanca, que llevaba puesta una extraña túnica blanca y portaba otra en su mano.
Acercándose al patíbulo, ese extraño ser pregurkó al juez si el reo podía ser ejecutado con la túnica, a ¡o cual el magistrado accedió por piedad. Pero tan pronto Como la tuvo puesta, el duende exclamó: «¡Allá voy!». A lo cual el muchacho respondió: «¡Y yo te sigo!», con lo cual ambos desaparecieron de la vista de la multitud.
Una variante de esta forma de trasladarse a través de un medio no-terrestre es el empleado por los merrows irlandeses, los machos roane y sealkies del norte de Escocia y las Islas Shetland.
En el primero de los casos, Koomara, una especie de tritón, puede sumergirse libremente, y aun llevar consigo a un humano, utilizando un gorro mágico, mientras que los sealkies y roane pueden sumergirse mientras lleven puestas sus pieles de foca, que suelen quitarse cuando salen a tierra.
También los ndejeni, de la actual isla de Taiwan, criaturas beneficiosas para los pescadores, son ejemplos típicos de esta cualidad de colocarse prendas exteriores para poder sobrevivir en las profundidades; en este caso se trata de chalecos de telas ligeras, a los cuales les cosen escamas de peces o trozos de piel de tiburón.

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