Hábitos de los duendes

A pesar de que el universo de los duendes todavía depende, en gran parte, del mundo mortal, y muchas de estas criaturas se encuentran muy ligadas a familias y comunidades humanas, aun así la relación entre las criaturas feéricas y los seres humanos está llena de peligros para estos últimos, y debe ser transitada con sumo cuidado. Incluso muchos de los duendes domésticos, serviciales y amables en su trato con la familia, se han tornado repentinamente en espíritus maléficos por un error humano o por lo que consideran una ofensa hacia sus derechos adquiridos.
Un ejemplo clásico de esta afirmación son las muertes de animales y hombres en Inglaterra, que se atribuían a las puntas de flechas de obsidiana talladas por los hombres de la edad de piedra, que los pixies disparaban con sus hondas cuando se sentían ofendidos con los hombres. Algunos autores sostienen que éste fue el origen de la palabra «ataque» en el sentido de fallo cardíaco, ya que, cuando se producia una muerte, pero no se apreciaban rastros de heridas, se las atribuían a las puntas de pedernal lanzadas por los duendes.
A continuación, la víctima era llevada al país de los duendes, dejando en su lugar a un sosías físico, que moría a los pocos días. Otra de las costumbres molestas para los humanos es la de enmarañarles los cabellos durante la noche, a punto tal que el pelo muy enredado se lo conoce en inglés como fairy-bob, literalmente «melena de las hadas», considerando que fairies abarca a toda la «gente pequeña».
Algunos duendes tienen sus propias formas de molestar incluso afectar seriamente a los hombres.
El-que-toma-la-mitad, por ejemplo, conocido en Irlanda como Alp-luachra, es un ser invisible, que se sienta junto a un comensal y absorbe la esencia de los alimentos que éste come, terminando por matarlo de inanición.
Otra raza de duendes que tiene sus propias maneras de divertirse a costa de los seres humanos son los leprechauns irlandeses, llamados así mientras desarrollan sus tareas de zapateros de las hadas, y cluricouns o luricauns cuando terminan su faena y salen a divertirse.
Para ellos, su entretenimiento predilecto es emborracharse con whisky de malta robado en aguna taberna, y luego correr carreras montados en chivos, ovejas, perros y hasta cerdos, que después devuelven a sus corrales sucios y casi muertos de agotamiento.

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