El trauco y su sirviente el cuero

Llamado también thrauku o thrauko, es el espíritu de las montañas para los mapuches y tehuelches del noroeste de la Patagonia argentina y los araucanos chilenos. Habita en los cerros ubicados en las islas de los lagos de esa zona sudamericana, y cada tanto hace notar su presencia (o su furia) mediante un gigantesco garrote que lleva siempre consigo, y con el que azota las rocas, provocando desprendimientos y aludes, con el consabido estruendo y temblores de tierra.
Su presencia es aterradora, ya que mide más de dos metros de estatura, es sumamente fornido y arrastra una cabellera y una barba de una legua (5 km) de largo. Sin embargo, el trauko es polimórfíco, es decir, que puede cambiar de apariencia a voluntad por lo que, dado que su entretenimiento predilecto es violar a las doncellas que anden solas por la montaña, suele aparecérseles también como un indio joven y apuesto, para ganar sus favores. Tampoco desdeña visitar a las mujeres en sus propias casas, induciéndoles previamente sueños lujuriosos durante varias noches.
En la región chilena al sur de las Islas de los Chonos y el archipiélago de Chiloé, en cambio, se lo representa como un ser deforme, como un enano muy robusto, pero con pies sin talones ni dedos, como si fueran muñones; también se lo describe vestido con una especie de enredadera llamada foki, que algunas machí o curanderas afirman que brota de su propio cuerpo.
“Pero tal vez lo más aterrador de la presencia del trauko (contaba una machí de la reserva mapuche de Lonkopue), sea su sirviente “el cuero” bautizado así por asemejarse a una piel de vaca, oveja o guanaco, que oculta en sus bordes cientos de afiladas garras de mas de 10 cm. de largo. Cuando su amo se lo ordena, el cuero se tiende en la orilla de un lago o un arroyo, en espera de que una desprevenida doncella se eche sobre él a tomar el sol. Una vez que la muchacha se ha distendido, la envuelve en sus pliegues, la sujeta con sus garras y la arrastra hasta la cueva del trauko, para que éste pueda dar rienda suelta a sus despreciables instintos”

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