Cómo tratar a los duendes

Según las creencias populares en casi todo el mundo, los duendes sólo pueden verse cuando ellos lo desean pero, aun así, existen ciertas formas de sorprenderlos cuando se encuentran dedicados a sus quehaceres o sus entretenimientos. El trébol de cuatro hojas, por ejemplo, ya sea en su forma original, secado dentro de un libro o preparado en forma de pomada como en el ungüento de las hadas (en inglés, fairies ointment, recordando el alcance de la palabra fairy), disminuye el poder de la «gente menuda» para permanecer invisibles. Según las antiguas tradiciones británicas, este bálsamo se preparaba con aceite de semillas de saúco y tréboles de cuatro hojas macerados juntos en un mortero de piedra, y producía la ceguera inmediata si un ser humano era sorprendido utilizándolo sin permiso de la «gente pequeña».
Esta pócima -para algunos un aceite, para otros una pomada-aparece por primera vez en el siglo XIII, en un relato de la primera recopilación de Gervasio de Tylbury, «Parteras de las hadas», en el cual la comadrona de un pueblo de Bretaña es trasladada a un lujoso castillo ubicado en una suave colina en las afueras del pueblo. Luego de atender a una parturienta, la mujer se acerca al fuego para higienizar al recién nacido, tras lo cual debe untarle los ojos con una pomada que la propia madre le facilita.
Sin embargo, al hacerlo, se toca accidentalmente los ojos con sus dedos sucios de ungüento, y entonces descubre con sorpresa y no poco temor que no se encuentra en un fastuoso castillo, como le había parecido al llegar, sino en una cueva sumida en lo más profundo de una fortaleza en ruinas.

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