Ajedrez de los duendes

Si bien la creación del milenario juego-ciencia se atribuye formalmente a un anónimo sabio chino de la dinastía Shang, alrededor del siglo XIII a. C., varios siglos antes el historiador Huang-Tsu, último emperador de la dinastía Ch’In, consigna que, en realidad, el ajedrez fue desarrollado muchos milenios antes por los jai-k¡, una raza de duendes originarios de la provincia de Anhui-Shen, quienes luego lo legaron a los humanos.
A partir de ese momento, la introducción del ajedrez a Europa y de allí a todo el mundo, adoptó dos caminos paralelos: uno de ellos, el más aceptado, afirma que fue traído por las caravanas que partían hacia Asia en busca de especias; el otro, más misterioso, sugiere que todas las razas y clanes del mundo feérico conocieron simultáneamente el juego y comenzaron a practicarlo, tanto entre ellos como con los seres humanos.
Sin embargo, en los torneos con estos últimos, el peligro podía ser muy grande, ya que el desafío era a tres partidas, en las cuales el que ganaba podía solicitar del perdedor la recompensa que se le ocurriera. Así, el duende dejaba ganar los dos primeros juegos al humano que, engolosinado, pedía premios principescos.
Pero el verdadero riesgo radicaba en la tercera partida, que invariablemente era ganada por el duende, que exigía una tarea virtualmente mortal o solicitaba alguna recompensa imposible de cumplir, con lo que el resultado era prácticamente el mismo: la muerte del retador.

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