Versiones contradictorias en torno a los Magos

El Evangelio de San Marcos, que se inicia con el nacimiento de Juan, nada dice del de Jesús ni de los Magos, y lo mismo sucede en el Evangelio de San Juan. Y tampoco los Hechos, las Epístolas y demás libros que les siguen mencionan el nacimiento de Jesús. Y mucho menos a los Magos.
Se muestra ligeramente más explícito el Evangelio de San Lucas, que da comienzo con Juan, hijo de Zacarías y Elisabeth, cuya venida al mundo se asemeja a la de Isaac, hijo de Sara. Le había sido anunciada a esta mujer, en circunstancias maravillosas, por un ángel de nombre Gabriel, cuando el matrimonio había alcanzado una edad avanzada.
Seis meses más tarde, el mismo Gabriel haría idéntica visita e idéntico anuncio a María, esposa del carpintero José, de la casa de David, cuando vivían ambos en Nazaret. Como al emperador romano Augusto se le ocurrió en aquellos días hacer un censo de la población — con la sana intención de subir los impuestos— José y María debieron acudir a cumplir con sus deberes cívicos a la ciudad de Belén. Y como el único mesón del pueblo estuviera totalmente ocupado, tuvieron que pasar la noche en un establo.
Fue en ese lugar que dio María a luz a su hijo primogénito, pero el texto de san Lucas no dice nada de los Magos. Se limita a mencionar a unos pastores de la localidad que se aproximaron a adorar al recién nacido, por indicaciones de un ángel cuyo nombre no se dice en el texto si era también Gabriel. Más tarde, se confundiría a los pastores con los Magos y se daría a entender que acudieron unos y otros a ver al niño divino.
Pero cambian las cosas al emprender la lectura del Evangelio de San Mateo, el único en mencionar a los ilustres visitantes. Explica que arribaron de Oriente a Jerusalén unos magos — con minúscula v sin concederles ningún título de realeza— y preguntaron donde se encontraba el rey de los judíos, que había nacido porque ellos vieron una estrella en el oriente, y venían a adorarlo.
Supo de esto el rey Herodes e indagó cerca de sus sacerdotes, porque algo conocía de ciertas profecías sobre el Mesías que iba a nacer. Le contestaron los sacerdotes que sucedería el nacimiento en Belén, patria de David. Habló entonces Herodes con los magos y los envió a la ciudad de Belén para que averiguasen y le informasen después de lo que vieran, para acudir él también de inmediato a adorar al niño que acababa de nacer.
Los magos tomaron el camino del sur, y la estrella que los acompañó desde oriente iba delante, guiándolos, hasta que se detuvo en un lugar. No era éste un establo con su pesebre, como explicaba san Lucas, sino una casa. Entraron los magos vieron al niño con su madre María y se postraron para adorarlo.
Le ofrecieron oro, incienso y mirra, pero habiendo sido avisados en sueños que no debían regresar con Herodes, tomaron el camino de su tierra.

brujerias

Adoración de los Reyes Magos

Volver a Brujerías