Una forma muy especial de satanismo, en África

Los miembros de una tribu que habita en las selvas de Ubangui cree en la existencia de un genio poderoso llamado Ngakola, que puede matar a un hombre, cortarlo en pedazos y unirlos de nuevo para hacer un hombre nuevo, curado de todos sus males, en una operación que se asemeja al desmembramiento de Osiris a manos de Seth.
Lo malo de esta creencia es que puede conducir al asesinato colectivo, pues en la naturaleza lo que no come es comido y lo que no mata es muerto. Se afirma así el instinto de conservación de la colectividad, que empuja a cometer los crímenes rituales. Estos actos exaltados son aún frecuentes en África, como sucedió en el Congo al rebelarse hace años las tribus de Mulele y Sumilor contra los blancos.
Las religiosas belgas de Bunia habían sido conducidas, como medida de protección, a un hotel donde serían protegidas por los soldados. Las monjas esperaban muy confiadas el fin de los combates. Pero la situación cambió de improviso. La noche del 16 de noviembre de 1964, un grupo de guerreros entró en la población y se presentó ante el hotel, pintado el cuerpo de colores sagrados.
Las monjas, adivinando su muerte, se refugiaron en una habitación y colocaron muebles frente a la puerta. Los sacerdotes lucharon cuanto pudieron, pero fueron muertos a machetazos y llevados los cuerpos al patio. Los guerreros se apoderaron finalmente de las monjas, que gritaban de terror. Les arrancaron la ropa y las condujeron también al patio. Formaron un círculo los guerreros y mientras un tambor dejaba escapar un tam-tam sincopado, danzaron esgrimiendo sus armas y dejando escapar largos aullidos.
Una de las monjas se irguió entonces, los ojos abiertos, y se puso a danzar.
Abandonó de improviso la danza y echó a correr, lanzando gritos. Los negros dejaron que se fuera. Se había vuelto loca y a los locos hay que respetarlos. La violación ritual dio comienzo a medianoche. Una de las monjas, sor Teresa, que había sido colocada sobre un altar, como si aquello fuera una misa negra, murió dos horas más tarde.
Al amanecer, los guerreros abandonaron el lugar. Se llevaron consigo algunos miembros cortados a los sacerdotes, para celebrar la segunda parte de la ceremonia: el rito caníbal.
brujerias
Los ritos destinados a conjurar los espíritus malignos son prácticamente innumerables. Así como en algunos lugares son práctica corriente los baños de lodo para purificar el alma, en otros no faltan los sacrificios de animales para alejar los malos espíritus.