Un ejemplo clásico de tortura en una mujer

En la población alemana de Frossneck, una mujer fue acusada en 1629 de practicar la brujería. En consecuencia fue entregada al verdugo, quien le ató las manos y cortó los cabellos. Después dejó caer alcohol sobre la cabeza con la noble intención de quemar los cabellos que hubiesen quedado. Colocó a conti­nuación unas barras de azufre en las axilas y en la espalda de la mujer y les prendió fuego. A pesar de ser dueño el verdugo de una fértil imaginación, la mujer no confesó nada que fuera del agrado de los jueces. Hubo que pasar a la siguiente cuestión.
Se levantó a la víctima hasta el techo, colgando el cuerpo de las manos atadas a la espalda, el verdugo la dejó inmóvil, unas cuatro horas mientras iba a comer algo. A su regresó soltó la cuerda, echó alcohol en la espalda de la mujer y lo encendió. Levantó y bajo el cuerpo varias veces hasta que se cansó del esfuerzo y tuvo que ir a reponer fuerzas.
A su regreso bajó a la mujer, ató a su espalda una tabla erizada de espinas y la mandó de nuevo a lo alto. No contento con esto, el verdugo le apretó los pulga­res, le ató los brazos a un bastón duran­te media hora. A veces, la víctima perdía el conocimiento, lo que servía a verdugo y jueces para tomar un mereci­do descanso. Pero en vista de que la mujer sabía aguantar, dejó caer el látigo sobre su cuerpo para que estalla­se la piel y saltase la sangre. La mujer no llegó a la hoguera, porque murió a los pocos días, en el curso de una nueva tor­tura. El verdugo se molestó tanto que tuvo que desquitarse con otra víctima.
Juan Bodin (1530-1596) fue un magnífico filósofo hasta el día que se le ocurrió escribir una Demonología de los brujos, libro del cual no tardaron en aparecer veinte ediciones en cuatro lenguas. En su obra ejemplar, Bodin dio a conocer algunas torturas que se le habían ocurrido. Una era la llamada de Florencia, que consistía en impedir al acusado caer dormido. Era atado a una silla, colgando de los pulgares. Cada vez que se dejaba dominar por el sueño, era tal el dolor que sentía que desperta­ba al instante. Era un tormento muy limpio, porque no se quebraba ningún miembro ni corría la sangre. Con justa razón sería adoptado más tarde por la Gestapo también y por la policía de varios países.
Finalmente, se mencionará el lecho de púas y la Virgen de Nuremberg, invención maravillosa obra de los ale­manes, que consistía en una figura me­tálica cuyo interior estaba tapizado de largos clavos. Era como un féretro a cuyo interior se conducía a la víctima para su tormento.

brujerias

La virgen de Nuremberg

Volver a Brujerías