Torturas aplicadas a las brujas

Colaborar con el diablo en contra de Dios se consideraba durante la Edad Media —y en el par de siglos que siguieron— como el más espantoso de los crímenes, como un acto de alta traición. Para quienes cometían tales sacrilegios el único castigo posible era la muerte. Y como no siempre se reconocía culpable un acusado de haber cometido este crimen, era lógico utilizar la fuerza para arrancarle la confesión. Se actuaba así a favor del culpable, para salvar su alma, y también de la humanidad entera, al debilitar a las fuerzas del mal y reducir el número de los enemigos de Dios.
No sólo los herejes y quienes renegaban de Dios eran enviados a la cámara de tortura. También las inofensivas brujas cuyo único pecado había sido realizar curaciones y fabricar talismanes con fines benéficos, que no hacían daño a Dios ni reportaban ventajas al Maligno, debían temer los ataques de las autoridades civiles o religiosas. E n ningún caso podían ser buenas, porque las protegía Satanás.
Quince eran los crímenes de los que se acusaba a brujos y brujas, nueve de los cuales eran en contra de Dios y el resto contra los hombres:
a) Los brujos reniegan de Dios y de toda religión.
b) Después de renegar de Dios, lo maldicen y blasfeman.
c) Rinden homenaje al diablo, lo adoran y le ofrecen sacrificios.
d) Dedican sus hijos a Satanás.
e) Sacrifican sus hijos al diablo antes que bautizarlos.
f) Consagran sus hijos al diablo desde que se encuentran en el vientre materno.
g) Intentan reclutar nuevos brujos.
h) Juran invocando el nombre de Satanás.
i) Practican el incesto.
j) Los brujos son homicidas, en particular los que no fueron jamás bautizados.
k) Comen carne humana.
1) Asesinan por medio de venenos o sortilegios.
m) Matan al ganado.
n) Matan los frutos de la tierra.
o) Copulan con el demonio.
La persona que era sometida al interrogatorio no tenía la menor posibilidad de salvarse. Era sospechosa, y con eso bastaba, aunque la denuncia hubiera sido realizada de manera anónima. El interrogatorio consistía, primordialmente, en la tortura que conducía a la confesión, así como la confesión llevaba a la condena y ejecución. No había inocentes. Lo mismo los jueces que la Inquisición no tenían costumbre de dar veredictos de no culpabilidad.
Aunque las pruebas en contra de una bruja fuesen abrumadoras y ella confesase su culpa, debía pasar de todas formas por la cámara de tortura. Aunque las pruebas para mandarla a la hoguera o a la horca fueran definitivas, se tenía que obtener una confesión completa y verdadera, y esto solamente podía obtenerse por medios que proporcionaban, en todas las ocasiones, las revelaciones más extraordinarias y sorprendentes.
brujerias
La tentación del demonio puede producirse de incontables formas como lo atestiguan los casos relatados a todo lo largo de la historia de la humanidad. No obstante, el fin es siempre el mismo: la guerra declarada, al parecer para toda la eternidad, a los símbolos del bien, propiciando los placeres licenciosos en todas sus expresiones posibles.

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