Satanás se convertía en sinónimo de aguda sexualidad

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En el curso de la larga velada se insultaba en voz alta a los ricos burgueses, a los nobles y al clero entero, responsables de su pobreza ancestral. Es decir, que el aquelarre fue en una buena parte una manifestación de protesta en contra de los poderosos.

Y éstos se enfurecieron. Les agradaron muy poco los insultos y tampoco se entusiasmaron — en especial los miembros del clero — al enterarse de que aquellos muertos de hambre invocasen al diablo y que copulasen en el bosque como si no supieran hacer otra cosa. Era natural que desearan vengarse de aquellos malditos y castigarlos tal como se merecían.

Supieron que en el curso de aquellas reuniones de brujos y brujas se exacerbaban los sentidos de tal manera —igual que sucedería siglos más tarde en las ceremonias de vudú celebradas en Haití— que quienes en ellas participaban, impulsados por otra parte por el rencor fanático que sentían hacia los ricos, asegurasen después de la fiesta que habían visto al propio Satanás o que habían copulado tanto él como sus diablos con las mujeres.

Creció la firme confianza en el Maligno, en quien podía uno creer, complicada en ocasiones con una imperdonable ingenuidad, en especial entre las mujeres. Sucedieron casos grotescos como el protagonizado por cierta Francisca Bos en un pueblo de Francia, bastante simplona y nada fea. Fue acusada de haber tenido contacto sexual con un íncubo — demonio de sexo masculino, así como los súcubos eran aquellos que adoptaban la forma femenina— el 30 de enero de 1606.

En realidad, fue un vecino de Francisca el culpable, que se aprovechó del candor de la mujer haciéndose pasar por un demonio deseoso de conocerla íntimamente. Por mala suerte para ella, el asunto fue comentado en el vecindario y la infeliz mujer fue acusada de haber tenido comercio sexual con el diablo. Tuvo que hacer penitencia, descalza y vestida con sólo la camisa, ante las iglesias del lugar, después de lo cual la mandaron los jueces a la plaza del pueblo y la quemaron, el día 14 de julio.

El mundo, como se ve, había progresado bien poco desde que, dos siglos antes, habían tratado de igual manera a Juana de Arco.

Quienes juzgaron a Francisca se mostraron sumamente intransigentes. Consideraron que era preferible castigarla que provocar un escándalo en el que se viera involucrado el seductor, un hombre decente y respetado por todos.

Aquellos jueces debían desconocer el pasaje bíblico sobre los ángeles que visitaron a las mujeres de la Tierra y las llenaron de hijos, pero seguro que no podían perdonar al hipotético demonio que repitió la acción descrita en el Génesis. Conocieron el nombre del vecino aprovechado, pero les resultó más cómodo declarar que la mujer había tenido una conducta censurable con uno de tantos diablos.

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Satanás se os puede presentar de múltiples formas.

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