Por qué la iglesia persiguió a las brujas

A partir del triunfo del cristianismo, la antigua magia de fórmulas y encantamientos sufrió un cambio paulatino, cuando comenzó a creerse que Satanás estaba ligado con los dioses del pasado, en especial con Belcebú, Astarté o Moloc, tan odiados por los judíos y a los cuales se regresará unas páginas más adelante, al examinar el satanismo y las sectas satánicas.

Aquellos dioses fueron identificados como auténticos demonios en constante lucha contra Dios. Durante la Edad Media fueron imponiéndose los aquelarres, que tendrían un carácter eminentemente social, así como las misas negras que les sucedieron serían manifestaciones frivolas organizadas en una buena parte por la nobleza y la burguesía.

Mucha gente utiliza el término sabbat para designar a las reuniones nocturnas de brujos y brujas, sólo porque se celebraban los sábados. Pero el término correcto es aquelarre, de origen vasco, mientras que la palabra sabbat es judía. El aquelarre fue en realidad una especie de rebelión de las clases bajas, oprimidas, en contra del ritual católico, que buscaban consuelo en las prácticas que parecían centrarse en la adoración a Satanás. Más tarde, aquel movimiento social fue dando paso a otro de carácter histérico que desembocaría en las llamadas misas negras.

Se celebraba el aquelarre, o reunión de brujos de ambos sexos, en un claro del bosque. Se trataba de invocar al diablo por medio de fórmulas mágicas, de pronunciar al revés el nombre de Dios, de beber pócimas para sentirse eufóricos los asistentes al acto, así como néctares afrodisíacos que los conducirían a los acoplamientos carnales, sin hacer distinciones.

brujerias

Aquelarre, obra del afamado pintor español Francisco José de Goya y Lucientes, que se encuentra en el Museo Lázaro Galdeano de Madrid.

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