Las supersticiones son parte de la vida

Cuando se habla de las ciencias ocultas es frecuente que se diga de ellas que son una superstición. Sin embargo, el término se aplica en especial a ciertas costumbres, manías o fobias que se manifiestan entre los seres humanos de manera inconsciente y que se han integrado tanto a la vida cotidiana que mucha gente las confunde con la realidad. Las supersticiones populares se han extendido tanto que van de la mano con la magia, sin que nadie caiga en la cuenta, y tienen mucho que ver con la buena y la mala fortuna.
Así, se cree que es de buena suerte llevar una pata de conejo en el bolsillo o formando parte de un llavero, pero es de mala suerte atravesarse un gato negro en el camino, salir de casa con el pie izquierdo o encontrar un entierro por la calle. Es de buena suerte ver un jorobado, y más aún pasar por su espalda contrahecha el billete de lotería que se acaba de comprar. Es de mala suerte encender un tercer cigarillo con el mismo fósforo o pisar una raya en el pavimento. Y ese curioso temor a cometer un desliz es a veces tan fuerte que se pasa al terreno de lo religioso y se convierte en tabú.

Una vieja creencia dice que cierto hueso con forma de horquilla que existe en el pollo debe quebrarse entre dos personas mientras expresan un deseo en silencio, así como que es conveniente echar monedas en los pozos o en las fuentes expresando al mismo tiempo un deseo. Mostrar un monedero vacío a la Luna llena en el momento de aparecer en el horizonte asegura una fortuna para quien lo hace. Pero deberá abstenerse de contemplar el disco si no tiene en sus manos el monedero, en especial si aparece de color rojizo.

Hará buenos negocios el comerciante que coloque una pequeña herradura y un puñado de lentejas en la caja registradora de su tienda. Y no cometerá ningún error si dispone una pecera en algún lugar de la tienda, con agua que deberá cambiar más de una vez por semana, pero sin echar en ella peces, que darían mala suerte. Es bueno tener una herradura por encima de la puerta de la casa, sujeta con siete clavos, número de buena suerte, con las puntas para arriba. Se atraerá a la fortuna y se ahuyentará a las enfermedades y desgracias. Hacerlo al revés, con las puntas para abajo, es la mejor manera de esperar muy pronto dificultades.
Resulta igualmente saludable cruzar los dedos índice y medio de ambas manos antes de emprender algo, en especial antes de una declaración de amor o de entrar a exámenes. Apagar las velas de un pastel de un solo soplido es también necesario para que haya felicidad en el curso del año, que no se hará realidad de dejar alguna encendida. Por supuesto que antes de soplar es preciso formular en silencio un deseo. Hallar un trébol de cuatro hojas concede felicidad a quien tenga la fortuna de descubrirlo, y deberá guardarlo con cuidado en las páginas de un libro.

Quebrar un espejo equivale a tener siete años de mala suerte, así como derramar el salero sobre la mesa; pero en este caso existe una solución: coger con los dedos pulgar e índice de la mano derecha una pizca de la sal derramada y tirarla hacia atrás, por encima del hombro izquierdo. Las palomas que se dejan en libertad en la inauguración de los Juegos Olímpicos tienen la misión de evitar sobresaltos durante el tiempo que duren. Este acto se inspira en la paloma que soltó el patriarca Noé desde su Arca en ocasión de producirse el Diluvio Universal.

Hay comentaristas femeninas de televisión que no pueden aparecer ante las cámaras si no hay junto a ellas una rosa. La invitación a otras personas a pasar delante no es un gesto de cortesía, sino el deseo de ser el último en entrar a un recinto, porque no se recibirá ningún daño. Y, por último, se cree que el hombre que no bese a una mujer al encontrarse ambos debajo de una rama de muérdago verá escapar la suerte en los terrenos del amor.

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Un brujo californiano muestra la forma en que los adoradores del diablo echan una maldición. La silueta que reproduce la disposición de los dedos es la del macho cabrío, forma que adopta el mismísimo Satanás para presidir sus macabras ceremonias.

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