Las sangrientas misas negras

brujerías
Desde mediados del siglo XVII, los aquelarres comenzaron a sufrir sensibles cambios en cuanto a los individuos que en ellos intervenían. Dejó de acudir el pueblo, tal vez por el temor que sentían sus miembros a la tortura y a la muerte en la hoguera, y fueron ocupando su lugar las clases sociales más elevadas , que no tenían por qué temer alas persecuciones.

Eran los burgueses adinerados, los nobles, los médicos y los militares deseosos de vivir grandes emociones. Se reunían para adorar al diablo, por pura curiosidad, por si se le ocurría aparecer y veían cómo era en realidad, pero terminó por imponerse lo que ellos buscaban: dar rienda suelta a sus pasiones eróticas. La gran mayoría de los nuevos aficionados al aquelarre sufrían desviaciones sexuales. Había sadomasoquistas —anticipándose al nacimiento del marqués de Sade—, flagelantes y otros representantes de la vida difícil.

En los comienzos del siguiente siglo, la Enciclopedia anunció su llegada de la mano de Diderot, D’Alembert, Montesquieu, Voltaire, Rousseau y otros hombres ilustres que pretenderían ofrecer una nueva visión racionalista del mundo. Era una obra monumental — el primer tomo apareció publicado en 1751 y el 17° y último en 1772— que se convirtió en el instrumento ideológico de los intelectuales. Su misión sería acabar con el oscurantismo y el dogmatismo tradicional que frenaban el progreso de las naciones.

Si la libertad concedida por Luis XIV al pueblo francés para que practicara la brujería todo el que sintiera deseos de hacerlo tuvo cierto éxito, la corriente enciclopedista terminaría de apagar los fuegos de la magia popular y supersticiosa. Desaparecieron, como por ensalmo, los aquelarres, los brujos y los hechiceros de carácter popular; apareció entonces un nuevo tipo de ceremonia, como fueron las misas negras. Y surgieron, al mismo tiempo, unos magos más de acuerdo con la época, como fueron Cagliostro y el conde de Saint-Germain.

Tuvo lugar el auge de ciertas fraternidades y sociedades secretas hasta entonces medio clandestinas, como la francmasonería y los rosacruces, entre otras. Previendo los cambios espiritua­les que iban a producirse sin mucho tardar, enviaron sus representantes por toda Europa para dar a conocer sus doctrinas y ganar adeptos, en especial entre las clases sociales elevadas, que eran las que interesaban. Y aquellos esoteristas contribuyeron a acabar con los últimos brujos, por temor a ser confundidos con ellos.

Según el cristianismo, el fin de la misa negra es ridiculizar la ceremonia religiosa cristiana y, más que nada, el sacrificio de Jesús en la Cruz. Para los católicos, todos los pasos normales de una misa son desvirtuados, aquí es donde toma especial importacia la Hostia Consagrada (el cuerpo de Jesús). Al profanar la Hostia, se insulta no al cristiano sino a Jesús y su obra de Salvación para con la humanidad.

Es normal entre las misas negras que la oblea acabe pisoteada, mezclada con drogas o siendo parte de actos sexuales. Es bien conocido que existe un mercado negro de obleas en el que se pagan sumas desproporcionadas dependiendo del sacerdote o templo en el que haya sido bendecida.
Si bien en algunos grupos las ceremonias son netamente simbólicas, en otros que se han hecho con el tiempo más numerosos existen ritos violentos, en los que se producen incluso violaciones y homicidios.

Las fechas más frecuentes para la celebración son el 30 de abril y Halloween.
Una mujer desnuda se utiliza como el altar en los rituales satánicos porque es el mejor receptor pasivo natural y representa a la madre Tierra, los demás utensilios deben estar colocados sobre una mesa al alcance del sacerdote.

El negro es el elegido para vestirse en la cámara del ritual porque es el símbolo de los poderes de las tinieblas.
Los amuletos que llevan la sigla del Baphomet o el pentáculo tradicional de Satán, son llevados por todos los participantes juntos.

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