Las posesas del convento de Loudun

Poco antes de llegar a su fin el primer tercio del siglo XVII se produjo en Fran­cia una autentica epidemia de posesio­nes satánicas que se centraron, casi exclusivamente, en diversos conventos para uso de jovencitas de la mejor socie­dad. Destacó entre todos el convento de ursulinas que se encontraba en la ciu­dad de Loudun, y lo entonces sucedido atrajo en estos últimos años la atención de psiquiatras, teólogos, escritores y cineastas. En aquellos días en que era normal todavía enviar a las brujas a la hoguera, mucha gente comenzó a dudar de que anduviera de por medio la mano de Satanás en la supuesta locura de las monjas. Hubo personas sensatas que pensaron en la histeria y en la continen­cia sexual de las pobres muchachas.
En 1630, el convento era el último lugar a donde pudiese penetrar el dia­blo. Las monjas pertenecían en su totalidad a la aristocracia y entre ellas estaba madame de Sazilly, nada menos que sobrina del cardenal Richelieu, ministro y hombre de confianza de Luis XIII. La superiora del convento, la reli­giosa de más edad, era sor Juana de los Angeles, que no cumplía aún los treinta años de edad.
Era hermosa además de joven, pero sabía imponer una rígida disciplina que se traducía en penitencias, ayunos y mortificaciones. Castigaba la menor infracción a las reglas y nadie en Loudun criticaba aquella severidad que sólo podía traducirse en mayor santidad del convento. La superiora conocía cuan peligrosas pueden ser las asechanzas del Maligno. Conocía lo sucedido unos años antes en un con­vento del sur de Francia, en la pobla­ción de Aix-en-Provence, también de ursulinas, y no estaba dispuesta a permitir que ocurriese lo mismo con sus monjas.
Se mostraba tan rigurosa en el trato infligido a las religiosas, en su intento por ahuyentar las ideas pecaminosas, que la superiora provocó sin querer un estado de tensión nerviosa cercano al desequilibrio del cual iba a ser ella la primera en sufrir las consecuencias. Todo comenzó a partir de la muerte del anciano abate Moussant, confesor de las monjas, cuyo espíritu, según decían las religiosas, comenzó a aparecer por las noches.y a provocar carreras locas y gritos.
Que un santo varón como había sido el abate Moussant se presentase a ho­ras tan intempestivas significaba que estaba sufriendo los tormentos del pur­gatorio y que no le permitían todavía la entrada al Cielo. Esto no podía admi­tirlo la superiora, así que dedujo lo siguiente: no era el difunto quien venía a visitarla, sino Satanás disfrazado de abate, seguido por una legión de mal­vados demonios.
Y el diablo disfrazado de abate si­guió visitando a las ursulinas hasta el día que dio paso a un nuevo confesor, muy conocido en Loudun.

hechizos

La ciudad de Loudun, cercana a Poitiers, en el sur de Francia, se había enajenado ya el odio feroz de Richelieu, amo de Francia, desde el momento en que se negaron las autoridades a derribar sus murallas. Lo sucedido con las monjas carmelitas de su convento sirvió de pretexto al cardenal para meterse en el lugar y liquidar a algún que otro enemigo.

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