La historia de María Sabina

Resulta imposible hablar de los magos y brujos del presente y del pasado sin aludir a María Sabina, la curandera de Huautla. Comenzó a ser conocida en el mundo, al mismo tiempo que los hongos mágicos, a partir de la década de los 50, como resultado de la visita que los esposos Wasson hicieron a esta mujer, que vivía en un poblado situado en la sierra de Oaxaca, en el sur de México. María Sabina adquirió entonces renombre mundial, que mantuvo hasta su muerte, sucedida treinta años después de conocer a los Wasson.
Nació en la misma aldea donde dejó de existir, en los primeros años del presente siglo, en este lugar donde se practicaba desde hacía cientos de años una curiosa costumbre: la ingestión de ciertos hongos alucinógenos, llamados nanacatl en la lengua indígena. Los frailes que acompañaban a los conquistadores supieron de esta práctica y la consideraron demoníaca. También habían visto la mano de Satanás en los templos mayas, en los bajorrelieves y en la escritura maya, así como en ciertas costumbres que no se molestaron en examinar y tratar de comprender. Eran algo muy especial, aquellos benditos frailes.
Los habitantes de la sierra y sus sacerdotes consideraban que los hongos mágicos habían sido concedidos por los dioses y que era por conducto suyo que podían comunicarse con los seres humanos. Y por ser sagrados no debían ser conocidos por nadie que fuera ajeno a la serranía de Huautla. Por mala suerte, en 1936 se filtró el secreto al exterior a través de cierto Robert Witlander, quien escribió un reportaje sobre los hongos mágicos. Esto animó al etnólogo John Bassett Johnson a viajar a Oaxaca para conocer la ceremonia de los hongos. En lugar de mostrarse discreto, como le habían suplicado, se apresuró a ir con el chisme a su tierra, en vísperas de Pearl Harbor. La guerra ayudó a mantenerse los brujos de Huautla en su retiro.
Pero Gordon R. Wasson, especialista en el estudio de los hongos, supo de la visita de Bassett y decidió desplazarse a Oaxaca en compañía de su mujer Valentina. Ignoraban los insensatos que, antes de que transcurrieran diez años, Huautla se poblaría de hippies y de todo género de sujetos ávidos de probar los hongos. Y no en omelette, precisamente.
El primer contacto de los Wasson fue con un indígena de nombre Aurelio, quien bajo los efectos de los hongos describió detalles de su vida, de su familia y de sus amigos de Nueva York que resultarían ciertos.
En su segunda visita, Wasson conoció a María Sabina, hija y nieta de brujos y curanderos, que dominaba el saber mágico de sus antepasados y la técnica de los colegas de la región. Supo el micólogo que la mujer había casado a la edad de catorce años —según es frecuente en los países tropicales—, y enviudó al cumplir los veinte. Luego casó a los treinta y tres con un brujo que le hizo conocer el mundo de la magia.
Marcial trataba a golpes a su mujer y ésta soportaba pacientemente todo, gracias a los hongos.
Un día llevaron a casa de María dos enfermos. Siendo el curandero número uno de Huautla, Marcial no supo diagnosticar su mal. María comió unos hongos a espaldas de su hombre y halló la forma de curarlos. Esto molestó a Marcial, quien la emprendió a golpes con ella. Desalentado al verse superado por los poderes de la mujer, Marcial encontró una amante, cuyos hijos se molestaron con el intruso y lo mataron a palos. María Sabina se quedó sola, pero eso no pareció importarle demasiado. Conocía ya muy bien la que sería su profesión.
Siendo la zona tan rica en curanderos, la competencia era grande. Pero María supo realizar tales curaciones afortunadas que su fama se extendió más allá de la sierra. En una ocasión que su hermana estaba sumamente enferma, María ingirió más hongos que otras veces y recibió la visita de un ser fantasmal que le confirió un poder fabuloso: el de llegar apredecir el futuro.
Acudió un día a su casa el director del Instituto Nacional Indigenista en busca de consejo. Había desaparecido de su oficina una fuerte suma de dinero. Los hongos ayudaron a María a ver el rostro del culpable, que no tardó en ser apresado: era un familiar del director. Más tarde predijo la muerte de un tiro por la espalda de Erasto Pineda, cafetalero y varias veces alcalde de Huautla. Fue puesto sobre aviso, pero la profecía se cumplió. ¿Venía a demostrar la ingestión de los hongos la posibilidad de abrir el camino para la aparición de ciertos fenómenos paranormales, como pudieran ser la clarividencia y la precognición?
A partir de la visita de Wasson a Huautla creció de manera asombrosa el consumo de hongos alucinógenos en Estados Unidos, acompañado por el peyote, una cactácea conocida por los indígenas del noroeste de México, entre ellos los tarahumaras y los huicholes. Más tarde logró sintetizarse el LSD, que condujo a la locura y a la muerte a muchos norteamericanos.
Si los brujos de la serranía de Oaxaca y los tarahumaras de la sierra de Chihuahua sabían utilizar sabiamente los poderes de hongos y peyote, que jamás causaron perjuicios a su organismo, no sucedió lo mismo en Norteamérica, donde se ingirieron de manera desordenada, igual que siguen haciendo con el alcohol. ¿Fue aquel contacto con algo que no supieron utilizar con prudencia lo que condujo a su población al consumo explosivo de drogas y al desquiciamiento de su sociedad?

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Retrato de María Sabina

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