La escandalosa posesión de Provenza

Antes de producirse el famoso caso de posesión satánica colectiva de Loudun, algo muy semejante había sucedido en otro lugar de Francia, cuya protagonis­ta fue también una monja ursulina. El padre Juan Bautista Romillon (1553-1622), protestante convertido al cato­licismo que deseaba mostrar el fervor que sentía por su nuevo credo, había fundado en las postrimerías del siglo XVI la orden de las Hijas de Santa Úrsula, que reuniría a las jóvenes más aristocráticas de Francia. El padre Romillon ignoraba que antes de morir tendría oportunidad de contemplar algunos escándalos entre las religiosas de la congregación. Magdalena Palud de Demandols había nacido en 1593 y no pertenecía a una familia adinerada. Al cumplir diez años hizo la primera comunión y se creyó transportada a la gloria. Adivinó que su futuro se encontraba en el convento. Y si era uno de ursulinas, mucho mejor. Pero, por desgracia para ella, carecía de fortuna. Solamente su abuelo, que vivía en Marsella, podría pagar la suma exigida por la superiora del convento para abrir las puertas a la niña. La familia de Magdalena pensó entonces en comisionar al cura Luis Gaufridy, buen amigo de la familia, para entrevistarse con el abuelo adinerado.
Era este sacerdote un hombre jovial, que todavía no cumplía los cuarenta años, dispuesto a todas horas a lucirse ante las damas diciendo frases jocosas. Sus penitentes lo adoraban, porque sabía perdonar con una sonrisa. Además, poseía dotes diplomáticas, porque obtuvo del abuelo la suma requerida. Magdalena entró en el convento. Jamás supo prever el buen hombre las barbaridades que iban a suceder muy pronto.

La niña era algo muy especial

Magdalena entró en un convento de ursulinas, con sede en Marsella, de donde no tardó en ser trasladada al de Aix-en-Provence, población cercana. Desde los primeros momentos mostró una extraña conducta, de tal manera que hubo que mandarla de vuelta a su casa, en varías ocasiones, para ver si se enmendaba. Regresaba al convento aparentemente curada de sus desvarios, pero no tardaba en realizar actos que pasmaban a las religiosas.
Le gustaba quedarse sola, hablando consigo. Un día contó a la madre Gaumer, superiora del convento, la más increíble de las historias: el cura Gaufridy la había seducido el día de su primera comunión. La superiora la escuchó horrorizada, pero se negó a creer la confesión. Aunque odiaba al cura, no lo creía capaz de hacer tal cosa. Recordaba aquella vez que ella se había insinuado y el hombre la rechazó. Si el cura había dicho no a una real hembra como ella, ¿cómo iba a meterse con una niña tonta de apenas diez años y fea como el pecado?
Nadie en el convento prestaba ya mucha atención a las tonterías de Magdalena, que andaba ya por los dieciséis años, porque decía siempre las mismas bobadas. Pero el 12 de agosto de 1609, encontrándose la monjita en la iglesia de Santa Clara, le acometió un fuerte temblor, seguido de espasmos, en el curso de los cuales declaró que el diablo hablaba por su boca. Declaró que el padre Gaufridy era un pecador y que ella no podría ser perdonada por todo lo que él le había hecho. Pidió compasión a gritos mientras abandonaba la iglesia.
El escándalo se hizo público. No se trataba ya de chismes que no salían de los muros del convento. Lo de ahora era muy serio. Todos en Aix-en-Provence sabían que entre las piadosas ursulinas se encontraba una joven religiosa poseída por el demonio.
hechizos
Según la leyenda, la María Magdalena bíblica fue a refugiarse, a la muerte de Jesucristo en la Cruz, en una cueva desapacible situada a corta distancia de Marsella, lista para llorar por sus muchos pecados. Al mismo lugar sería conducida, dieciséis siglos más tarde, una tocaya de la santa, que según se decía había sido poseída por Satanás.

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