La diablesa que se divorció de Adán

brujerias

Lilit

Existe un último personaje perteneciente a la fauna demoníaca acerca del cual nada dice la Biblia. Solamente alude algo a él la tradición rabínica, pero más parece pertenecer al terreno de la leyenda. Su nombre fue Lilit y era mujer.
Dice la tradición que, en un principio, Adán estuvo unido físicamente a esta Lilit, con la que formaba una unidad, y esto sucedió antes de ser creada Eva. Los dos personajes estaban en continua querella, hasta el día que la mujer pronunció una fórmula cabalística que le permitió separarse del hombre. ¿Se trata de una interpretación muy especial de lo que sucedió con el primer ser humano, que pudo haber sido hermafrodita, es decir, que tenía los dos sexos, masculino y femenino, en un solo cuerpo?.
Por lo que fuera, a Lilit le salieron unas alas y salió volando. Adán, que no era mal hombre, se lamentó de su partida. El señor encargó entonces a tres ángeles que la trajeran de vuelta al Edén, pero Lilit se negó a obedecer y el Señor la amenazó con la muerte de los hijos que pariera en el futuro, en el momento mismo de nacer. Desesperada, la mujer pensó en quitarse la vida, pero los ángeles se compadecieron de ella y le ofrecieron una solución: conservaría sus hijos por lo menos hasta el octavo día de su nacimiento.
A cambió de este favor, Lilit debería comprometerse a no causar ningún daño a los bebés que estuvieran en lo sucesivo bajo la protección personal de los tres ángeles. Tal sería el origen de los talismanes y amuletos, puesto que los judíos colocarían a partir de entonces, en torno al cuello de los recién nacidos, un objeto milagroso que recibiría el nombre de camafeo.
Mientras Dios creaba a Eva, porque el pobre Adán se sentía muy solo, su ex mujer se convertía en la amante de un ángel caído en desgracia llamado Samael, después de lo cual caería en las peores abominaciones, al decir de los redactores del Antiguo Testamento y de los cristianos medievales. En la literatura rabínica se la relacionaba con Lilitu, diosa de Babilonia que presidía la lujuria y se presentaba con figura de demonio femenino.
Para los cristianos de los primeros años de la era actual, Lilit fue la reina de los Súcubos, además de ser dueña de una acusadísima ninfomanía, que sabía seducir a los hombres con envidiable maestría. Una vez satisfecho su capricho, los estrangulaba con sus largos cabellos, que por arte de magia se convertirían en rubios al paso de los siglos. Su acción nefasta solamente podía combatirse con amuletos y oraciones. Era natural que, siendo tan malvada, se alimentase con sangre humana. Le fascinaba chuparle la sangre a los niños, para vengar la muerte de los suyos.
Entre los griegos, este remoto antepasado de los vampiros recibió el nombre de Lamia y sus seguidoras eran devotas de Hécate, diosa de la brujería y de los cementerios. Estas damas viajaban por el aire en compañía de sus dos servidores los sanguinarios Momio y Empusa, de hábitos caníbales. En Roma, el nombre se transformó en Strega, una bruja espantosa que podía adoptar la forma de un ave para actuar con mayor facilidad. Bebía la sangre de los vivos y comía la carne de los difuntos. No era una mujer vegetariana.

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