Hay diversas clases de brujería

hechizos

Se sabe de Ronald Reagan, y más aún de su esposa Nancy, que encontrándose en la Casa Blanca jamás daban un paso sin consultar antes el horóscopo del día. Otros presidentes norteamericanos, como John F. Kennedy, jamás le prestaron atención, y ya se sabe cómo terminó este último.

Todo el mundo sabe de los muchos curanderos que son mirados como si fueran santos en las regiones más miserables de Brasil, Filipinas y Haití, y a los brujos de los poblados del continente africano, que aconsejan a los temerosos indígenas acerca de los asuntos más triviales. Pero ninguno de estos individuos pueden compararse, en cuanto a beneficios obtenidos con su profesión, con los que viven en Occidente en la opulencia más insultante. Es muy posible que, si trabajaran gratis para hacer un bien a sus clientes, ninguno los tomaría en cuenta; pero el que sus cuentas bancarias sean tan abultadas ha obligado a mirarlos con envidia. Y también con cierto respeto, porque sólo quien tiene abundante dinero merece y consigue ese trato.

En Estados Unidos suman 50 millones las personas que consultan a diario en el periódico su horóscopo, durante el desayuno, para saber qué les espera de bueno o de malo en el curso de la jornada y de qué manera podrán franquear los obstáculos que se atraviesen en su camino, de los que nada sabrían de no haber leído el sensato aviso matinal en el periódico. Si nada más gastaron 100 dólares en la compra del matutino, significó un gasto de 5.000 millones de dólares al año. Y si a esto se le añade el importe de las consultas con el astrólogo de cabecera, la compra de libros y revistas especializadas, resulta una suma astronómica.
Numerosos son los personajes encumbrados que, en tierras del Tío Sam, suelen consultar con los astrólogos con pasmosa frecuencia, además de los altos ejecutivos y de las amas de casa. Durante su presidencia, Ronald Reagan estaba muy pendiente de los consejos de estos expertos, y más aún su esposa Nancy. Y en tiempos de John F. Kennedy, la astróloga Jeanne Dixon era ya famosa por haber vaticinado la muerte en un accidente de avión de Dag Hammarskjól, Secretario General de las Naciones Unidas, como lo haría más tarde con el propio Kennedy.

En España, donde hubo siempre echadoras de cartas, el auge de videntes, futurólogos y astrólogos, a los que suele clasificarse, erróneamente, dentro de la categoría de brujos, ha sido enorme en los últimos años. Obtienen, en total, beneficios anuales —no declarados al fisco — por valor de 200 millones de euros, que equivalen a poco menos de 280 millones de dólares. La misma cifra puede aplicarse a Francia, Alemania, Inglaterra y, en especial, a Italia. La proliferación de pitonisas y videntes nada tiene que ver con el nivel cultural de un país.

Ahora bien, de acuerdo con la definición de la palabra «brujo», tal como aparece en cualquier buen diccionario de la lengua castellana, puede afirmarse que ninguna de las actividades mencionadas encaja dentro de esta categoría. No puede acusarse a los astrólogos y expertos en preparar horóscopos de practicar la brujería, ni tampoco a las echadoras de cartas ni a quienes utilizan la bola de cristal para conocer el porvenir de sus clientes, porque no recurren a ningún método sobrenatural.
Pero veamos en una rápida enumeración cuál es la definición de brujería y de algunas otras actividades ocultistas:

Hechicería: arte de practicar hechizos, es decir, sortilegios, maleficios o encantamientos.
Magia: arte de producir, por medio de operaciones extraordinarias y ocultas, efectos contrarios a las leyes naturales.
Magia blanca: arte de producir ciertos efectos, maravillosos en apariencia, debidos a causas naturales.
Brujería: conjunto de operaciones sobrenaturales realizadas por los brujos de uno u otro sexo.
Magia negra: es la magia que tiene por objeto la evocación de los demonios.
Satanismo: culto a Satanás.
Astrología: arte de predecir el futuro por la observación de los astros.

La presencia de la brujería ha sido una constante en la historia de la humanidad, así como también lo ha sido su persecución. Son sobrados los casos de muerte decretada contra seres cuyos poderes esotéricos hacían temblar los cimientos mismos de la sociedad y ponían en peligro el orden instituido. Y también los ha habido contra personas a las que convenía quemar en la hoguera por cuestiones que, atribuidas a la brujería, eran en el fondo de orden político o de simple conveniencia personal.

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