Era famoso por su elocuencia y su encanto

El abate Urbano Grandier era una no­tabilidad. Había sido párroco de la iglesia de San Pedro y canónigo de la iglesia de la Santa Cruz. Era admirado por su erudición, su elocuencia y su encanto personal. Poseía a sus cuaren­ta años un físico seductor y unas dotes envidiables de orador y de hombre de mundo. Contaba con grandes amigos, pero también con enemigos poderosos que envidiaban su fama y se molestaban con las frases irónicas que lanzaba contra los religiosos fanáticos.

Era odiado por los frailes carmelitas y por los capuchinos, y también por el padre Fierre Barré, que veía al diablo en todas partes, porque por algo se dedicaba a los exorcismos. Tampoco estimaban demasiado al abate Grandier el padre Mignon y el propio obispo de Poitiers, monseñor de La Rocheposay, quien acusaba a Grandier de mostrar simpatía hacia los malditos hugonotes. Tampoco podía olvidarse que el abate sedujo en cierta ocasión a la hija del procurador real y la dejó embarazada. La abandonó para entablar una relación pecaminosa con cierta mademoiselle Magdalena de Brou.
Al parecer, todo comenzó cuando las ursulinas se fijaron en el abate Grandier como candidato para sustituir al difunto confesor. Pero como Grandier se negara con risas a aceptar el honroso puesto pasó a ocupar, según declaró sor Juana, el lugar del otro abate en las correrías nocturnas. La madre superiora declaró que el abate le ofrecía flores y que pasaba a través de los muros para sorprenderla en su celda. Unido esto al escándalo de las dos seducciones, se indignó el obispo y man­dó detener al abate. Sólo consiguió que mandasen a Grandier al destierro.

Pero el abate apeló ante el fiscal de Poitiers y el arzobispo de Burdeos, monseñor de Sourdis, y logró ver anulada la sentencia después de ser leído un informe en el cual se afirmaba lo siguiente: la pretendida posesión de las religiosas de Loudun no era más que delirio de mujeres exaltadas por su prolongado celibato. Regresó Grandier en libertad a Loudun, donde unos lo consideraron un mártir y sus enemigos comenzaron a hacer lo posible para perderlo

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Urban Grandier

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