El satanismo está en auge en España

Los periódicos españoles del mes de febrero de 2005 presentaron un claro ejemplo de esta actitud criminal de que son objeto los niños, que sucedió en la población de Badalona, cercana a Barcelona. Un nicaragüense que vivía en la llamada Ciutat Vella comenzó a reclutar discípulos para realizar ceremonias. Fueron invitados los adeptos a llevar a sus hijos acompañados de sus perros o gatos, que servirían para realizar el sacrificio a Satanás. Estos sectarios perdieron finalmente todo su interés en su trabajo y en ciertos casos debieron ser despedidos. Pero las consecuencias fueron peores en los hijos.
Cuando intervino la policía y quedó disuelta la congregación y puesto el sumo sacerdote de la secta a buen recaudo y los adeptos despedidos consiguieron un nuevo trabajo, olvidadas las peripecias, quedó sin resolver un espinoso problema. Los niños se habían convertido en esclavos psíquicos de lo que habían presenciado. Tardarían largo tiempo en regresar a la normalidad, si acaso lo lograban. Pero quedaba aún en pie otro peligro: así como los traficantes de drogas están logrando penetrar en las escuelas de todo el mundo, sucede lo mismo con las personas que desean formar una juventud adoradora de Satanás.
Al mismo tiempo que era denunciado públicamente lo sucedido en Badalona, estremecía a toda España el caso de Granada. El 1º de febrero de 2005 murió en la ciudad de Granada una mujer de 36 años, casada y madre de dos hijos, de nombre Encarnación Guardia. El mes anterior había viajado a Francia para participar en varias sesiones satánicas y de regreso a su casa asistió a una velada espiritista, en el curso de la cual hizo una declaración sorprendente, que muy pronto se hizo del dominio público.
Como si se repitiera la escena crucial de El bebé de Rosemary, Encarnación informó a los asistentes a la reunión que Satanás había engendrado un hijo en sus entrañas y les pidió que le ayudaran a expulsar el feto diabólico, que de venir al mundo se convertiría en una espantosa amenaza para la humanidad. Le era difícil confesar que había vivido una emocionante aventura en Francia y no quería llenar de vergüenza a su familia. Después de todo, tenía un esposo y dos hijos.
Surgió un curandero aficionado a la brujería, a quien por mal nombre llamaban el Pastelero, y se ofreció a expulsar el diablo del cuerpo de Encarnación. Le hizo beber a la presunta posesa abundantes cantidades de agua con aceite y limón, y este líquido nauseabundo lo enriqueció con fuertes dosis de sal. La mejor receta para abortar hasta el mismísimo hijo del diablo, declaró el Pastelero a la mujer antes de iniciar la operación.
Pero como el brebaje no produjo el resultado inmediato esperado, el curandero pensó que sería adecuado completar la operación con el destape de los dos orificios naturales. Era la mejor manera de acelerar la salida del engendro no deseado. El resultado fue que la pobre Encarnación Guardia sufrió un edema cerebral, resultado del exceso de sal en el organismo. Además sufrió sendos desgarres por culpa del doble empalamiento, a consecuencia de lo cual murió en aquel 1° de febrero de 2005.

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Tan crueles y dolorosos como los medios de torturada usados por los cazadores de brujos, en especial la Inquisición, son con demasiada frecuencia los empleados por los propios adoradores de Satanás en el curso de sus ceremonias.

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