El Exorcista

exorcismos«Muchacha del sur de Londres víctima de El Exorcista», rezaba, hace muchos años, el cartel. Leyendo el periódico me enteré de que la muchacha tenía pesadillas después de ver la película de William Blatty. «Yo no conocía el tema de la película. Fui a la presentación con un amigo que tenía entradas. No dejo de pensar que me va a ocurrir a mí.» Podríamos moralizar sobre el absurdo de ir a ver no importa qué, incluso si es para complacer a un amigo, pero lo importante es saber que una joven de dieciocho años pudo identificarse con los sufrimientos vistos en la pantalla de una niña de doce años que estaba poseída por el demonio. Dicho en términos clínicos, había experimentado la primera parte del efecto que debe causar una tragedia, pero no la segunda. Los antiguos decían que una tragedia (como las de Sófocles) tenía la misión de despertar en los espectadores las emociones de piedad y temor, y entonces, por así decirlo, reventar la hinchazón de la emoción concentrada y eliminar el exceso. La joven del sur de Londres no había pasado de la primera fase.
No todos los que claman contra la cinta son adolescentes. Existe lo que podría llamarse una reacción humanista ante una película en la cual la Iglesia católica sale victoriosa, pese a que mueren los dos sacerdotes de la película, por causas diferentes. De hecho, un crítico americano atacó el film diciendo que era propaganda católica del mismo nivel que Bing Crosby en la película Siguiendo mi camino, de 1945. En ella, los dos jefes irlandeses de la tropa de exploradores, que tenían a su cargo la ruinosa parroquia, eran presentados el uno frente al otro, viejo contra joven; en la actual, los dos sacerdotes exorcistas son también contrastados, pues uno de ellos es anciano y está enfermo del corazón (causa de su muerte), y el otro es un joven progresista que tiene su propia liturgia particular para decir misa y es más aficionado al manual de psicología que al ritual romano. El defecto de carácter que debe tener un personaje trágico, según los antiguos, se descubre con facilidad en el joven, y éste es el motivo de que despierte nuestras emociones de piedad y temor. Su confesión antes de morir, mientras yace moribundo en la acera donde ha caído, está calculada para demostrar que al final hace las paces con Dios, y la prolongada secuencia última, en que el rector de Georgetown certifica la curación completa de la niña poseída, y entonces camina lentamente hacia el lugar donde murió el joven sacerdote, hace una pausa, y después vuelve con la misma lentitud a las puertas del colegio, todo ello quiere dar a entender, a modo del coro final griego, que la Iglesia ha conquistado verdaderamente al mal. Es increíble que pudiera entrar en la cabeza de un crítico católico que la película deja triunfante al mal… a menos que un católico progresista quisiera ver humillada a la Iglesia y le decepcionara que no ocurriese así.
Los hechos sobre los que se basa la película
El exorcismo en la iglesia actual
Enfermedad mental y posesión por los demonios