Cuando la marihuana se mezcla con el satanismo

En la primavera de 1989, la prensa de México dio a conocer a los lectores lo que acababa de suceder en un lugar solitario del estado de Tamaulipas, situado en la región nororiental del país que separa de Texas el río Grande, llamado Bravo por los mexicanos.

Se hizo por casualidad el macabro hallazgo

La noche del lunes 10 de abril, una camioneta cruzó a toda velocidad la línea fronteriza que divide los dos países. Había salido de la ciudad de Brownsville y al llegar a Matamoros, al otro lado del río, siguió sin detenerse. La policía local persiguió al vehículo a lo largo de la carretera que conduce a Reynosa, hasta el kilómetro 39, punto en el que se internó la camioneta por un camino de tierra. Fue a detenerse en el rancho de Santa Elena. Y la patrulla de la policía también.
Fue detenido e interrogado de inmediato el chófer, David Serna de nombre, y en el interior del vehículo se encontraron restos de marihuana. Los agentes penetraron a continuación en el rancho, que estaba desierto, y dieron con 120 kilos de marihuana. Confesó entonces Serna que venía de entregar 300 kilos de la hierba en un lugar de Texas cercano a Brownsville, por órdenes de Elio Rivera, dueño del rancho.
Mientras esto sucedía en el rancho Santa Elena, otros agentes de policía investigaban la desaparición de Mark Kilroy, estudiante de veintiún años de la universidad de Texas que había sido visto por última vez dos semanas antes en Matamoros, completamente ebrio. Mostraron la foto del muchacho en varios lugares y lo reconoció finalmente el guardián del rancho Santa Elena, que se encontraba casualmente en aquella población. Declaró que lo había visto cerca de una cabana situada a 400 metros del rancho.
Cuando la policía llegó al lugar, detectó de inmediato el olor inconfundible de la carne en descomposición. Comenzaron a excavar en las cercanías de la cabana, donde la tierra parecía más blanda. Hallaron sin tardar trece cuerpos masculinos, uno de ellos de un adolescente de catorce años, y todos estaban golpeados y apuñalados. Uno de ellos había sido ahorcado, otro quemado hasta morir y otros más habían recibido varios balazos. Todos mostraban señales de haber sido torturados y mutilados de forma horrible.Unos cuantos carecían de orejas y les habían sacado el corazón.
Se encontró en la cabana un recipiente metálico que contenía sangre seca, un fragmento de cerebro y restos animales. En otras vasijas había órganos humanos, cabellos, trozos de pollo y la cabeza de un macho cabrío.
brujerias
En casos recientes de ritos satánicos ha podido comprobarse la utilización de estupefacientes, en especial de la marihuana. No es de extrañar entonces que hayan sido los jóvenes, acostumbrados en casi todo el mundo al uso de esa droga, las principales víctimas de esas ceremonias, hasta el punto de haber contribuido a ellas con sus propias vidas, ya sea de forma voluntaria o forzada.

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