A veces, los juicios resultan un negocio

No fue Isobel Gowdie la única mujer víctima de su propia sensualidad sin caer en la cuenta de que el camino escogido a ningún lugar conveniente la conduciría. Pero fueron más numerosos los ejemplos de supuesto contacto con el diablo en los que salieron beneficiados el acusador o el juez. Uno de los más tristemente célebres tuvo como protagonista a un clérigo de nombre Matthew Hopkins, que recorrió Inglaterra a la caza de brujas para mandarlas a la horca no sin antes apropiarse de sus pertenencias.

A este Matthew Hopkins le ganó en cuanto a infame el alemán Franz Buirmann, juez al servicio del obispo de Colonia, quien mandó quemar en cierta ocasión a la mitad de la población de una aldea cercana a Bonn. ¿Actuaba por el deseo de purificar las almas manchadas con el contacto diabólico? ¿Lo animaba, por el contrario, un desmedido afán de lucro complicado con la más cobarde concupiscencia?

No faltan los textos dedicados a la brujería que informan sobre aquella ocasión que dio tortura a una tal viuda Bófgen, de buen ver, y se quedó con sus bienes. Todo se debió a que se había enamorado de la dama y ella no quiso acceder a sus deseos. Mejor suerte tuvo cierta señora Peller, que rechazó las insinuaciones del señor juez y supo huir a tiempo. Buirmann se enfureció y quiso vengarse de la dama. Pero como ella había logrado escapar, se apoderó de su hermana, a quien torturó y condenó a muerte. El verdugo había tendido a la joven sobre el potro. Buirmann hizo varias preguntas a la joven: si había tenido relaciones sexuales con Satanás, si había sentido placer al ser víctima de los apetitos carnales del diablo. Aprovechando una corta salida del juez, el verdugo, excitado por las preguntas hechas a la rea, la violó. Después se dio buena prisa en cumplir la sentencia de muerte.

¿No es curioso que todas las mujeres acusadas de acudir a los aquelarres y de haber fornicado con Satanás o con sus íncubos fueran dueñas de una gran belleza? ¿Hubieran actuado de diferente manera los jueces y los verdugos de haber sido las brujas horrorosas, como ha insistido la leyenda en mostrarlas?

brujerias

Mujer poseída por el demonio, según grabado antiguo. En realidad, aparte el hecho indiscutible de tener agarrado el diablo a su víctima de manera harto curiosa, poco puede decirse acerca de lo que a ella le espera.

Volver a Brujerías