Los números y la bola de cristal 3

Si aparece el número 7. El número siete es el número que ha dejado las mejores huellas en todas las religiones, y es un número sagrado, protosimbólico, como número primo y como derivado del tres más cuatro, números que representan la divinidad y lo creado, contrato de la alianza de Dios con el mundo, es decir, símbolo de armonía y de paz. Según los antiguos alquimistas, el número siete simboliza el misterio que se revela a través del estudio y de la sabiduría. Se comprende también por qué entre los antiguos éste era un número enteramente religioso y representaba «el espíritu que triunfa sobre la materia». Este número está ligado a los filósofos, a los místicos, a los hombres de ciencia. Son personas introvertidas, dotadas de grandes capacidades especulativas. A menudo les falta el sentido de la realidad, pero tienen mucho equilibrio interior; son sabios, prudentes, óptimos consejeros en las cosas de tipo moral. Aman todo lo bello y armonioso, y, por consiguiente, evitan todas las manifestaciones sociales donde haya ruido, excesos, intemperancias, que pudieran perturbar de alguna manera su filosófica serenidad.
Si aparece el número 8. El número ocho, primer cubo, era un signo de solidez; para los pitagóricos era un signo de justicia; para los místicos, de bienaventuranza. Por su aspecto, está relacionado con las dos serpientes enroscadas en el anillo (equilibrio de fuerzas antagónicas; potencia espiritual equivalente a la potencia material). Por su forma, también simboliza el eterno movimiento de los cielos (doble línea sinusoidal, signo del infinito). Los antiguos griegos afirmaban que todas las cosas materiales son en número de ocho, para significar el éxito material. Estas personas son amantes de las riquezas y de los bienes materiales, que quieren conquistar a toda costa, trabajando incluso incansablemente. Son intolerantes hacia todo lo que se refiere al espíritu o a la espiritualidad, porque piensan que perseguir una meta no productiva en el plano material es una total pérdida de tiempo. Son extraordinariamente hábiles en el comercio y en los negocios; son testarudos y obstinados y persiguen una férrea lógica de ganancia en todas sus acciones. Las mejores personas pueden mostrarse generosas con sus colaboradores e invertir parte de su amadísimo dinero en obras de beneficencia; las peores pueden llegar a hacer cualquier cosa, sin el menor escrúpulo, con tal de amasar riquezas. Su lado positivo es la capacidad de mando; su lado negativo es la tacañería y la impaciencia.
Si aparece el número 9. El número nueve era otra cifra angelical y sacerdotal, siendo el cuadrado de tres y el número por excelencia de la antigua Cabala. Para los japoneses es la cifra perfecta, que marca la mitad del
día y la mitad de la noche. Es el límite de la serie antes de la vuelta a la unidad. Para los hebreos era el símbolo de la verdad. Este número representa a las personas que se sienten investidas de tareas que tienen que ver con toda la humanidad, y, debido a esta pulsión mística y humanitaria, tienen que dedicar absolutamente su vida a una causa general. Son sensibles e idealistas, emotivos y absolutamente inconformistas, muy poco interesados en las satisfacciones de tipo material; están preocupados únicamente en sacar adelante su causa humanitaria; no es infrecuente en ellos una fuerte llamada mística, que puede conducirlos a grandes sacrificios personales por el bien de los demás. Como cualidades de estos individuos tenemos que señalar la amistad y la bondad; y como defecto tienen el fatalismo.
Si el número que aparece en la Bola de cristal es superior al nueve (por ejemplo: 13, 15, etc.), las cifras que componen el número aparecido se han de sumar para obtener un número comprendido entre el uno y el nueve.
Es necesario realizar la interpretación sobre un número, y sólo uno. Hay que tener en cuenta, además, que cuanto más claros y visibles son los números en el centro del globo, tanto más positivos serán los rasgos característicos del individuo cuya dimensión psicológica queremos conocer; mientras que, por el contrario, cuanto más confusos son, y desenfocados, y esfumados, y esparcidos desordenadamente sobre la superficie de la esfera, tanto más negativas serán las características desagradables y defectuosas del individuo. De todos modos, tenemos que procurar recoger hasta los matices más sutiles, localizando incluso entre las características negativas las posibles tendencias positivas (hay que estudiar también atentamente las zonas de sombra que se proyentan sobre los distintos números; incluso los claroscuros son importantes, así como los lados del símbolo numérico que parecen más iluminados), porque no hay en el mundo una sola persona que sólo tenga defectos, o que sólo tenga virtudes.
Conviene recordar también, en este contexto, que para leer a través de la Bola de cristal hay que tener dotes de intuición y sensibilidad. La mente ha de estar libre de toda ilusión, y el corazón ha de estar libre del odio, de la codicia y de todo interés mezquino. Antes de hablar, tenemos que proponernos no quebrantar las tres reglas fundamentales del respeto, que yo resumo de la siguiente manera: «Habla sólo si lo que vas a decir es útil, indispensable y agradable; que por tu culpa no se deshaga una vida.»

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