Curaciones psíquicas por medio de la bola de cristal

Hay una gran ventaja en la curación psicomagnética a través de la Bola de cristal: se puede realizar también sin la presencia directa de la persona enferma, utilizando como alternativa los llamados «factores intermedios».

Es necesario disponer de un «testigo»: un objeto que haya pertenecido o pertenezca al individuo a curar, como prendas, fotografías, etc. La persona interesada, para ser curada, no tiene que ser consciente necesariamente de su trastorno psíquico.

Este método curativo, a diferencia de muchos otros preparados químicos suministrados como medicamentos, no comporta el menor riesgo o peligro de tipo fisiológico, ni reacciones dañinas de tipo psíquico.

Es bueno tener en cuenta, sin embargo, que no podemos hacer milagros, ni con la bola de cristal ni con cualquier otro medio: los milagros se deben únicamente al poder y a la voluntad de Dios.

Ni mucho menos tenemos que pensar que vamos a poder sustituir al médico, en el caso de que la persona que se va a someter a tratamiento de curación psíquica ya la estén tratando. Al igual que la magnetoterapia, la pranoterapia, la cromoterapia, etc., aquí estamos en el terreno señalado de la medicina alternativa, cuyos límites hemos de reconocer: y, como todos sabemos, eso vale también para la «medicina oficial».

Dentro de estos límites, puedo afirmar haber conseguido satisfactorios resultados personales realizando con gran fe este método curativo.

En resumen, las curaciones psíquicas realizadas con la bola de cristal se basan en un principio cosmogónico universal. La influencia que un cuerpo puede ejercer sobre otro mediante esas fuerzas que podemos llamar del «corazón» y de la «mente» (además de los fluidos universales que emanan en general del cuerpo, como si cada célula vital estuviera envuelta y permeada por esa energía de transmisión comunicativa), es potenciada en la intersección mediánica de transmisión comunicativa), es potenciada en la intersección mediánica con la esfera de cristal, que multiplica la carga de penetración magnética a través de las capacidades de reflexión que todas las superficies lúcidas poseen.

Este principio se conoce desde la antigüedad; para el cuerpo se ha hecho la distinción entre físico, anímico y mental Esta Incorporeidad es potenciada por el «espíritu», que la recompone en la unidad verdadera haciendo que ésta, de virtual, se convierta en activamente operante; es el «espíritu» lo que puede emitir los fluidos vitales.

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