Cadena mágica a través de la Bola de cristal

Hemos visto cómo podemos comunicarnos con el mundo del más allá utilizando, por nuestra cuenta, la Bola de cristal.
Pero hay otra manera, tal vez más compleja pero ciertamente más fascinante. Eso determina una doble acción: la comunicación con una entidad y el despertar iniciático desde la dimensión de potencialidad latente, de simple virtualidad mediánica. Puede ocurrir, en efecto, que en los que participan en la cadena «explote» una iluminación superior, y el «despertar» es verdaderamente un acontecimiento magnífico cuando se produce.
Se trata de una forma evocatoria muy particular: la cadena mágica mediúnica se forma cuando tres o más personas se ponen en contemplación alrededor de la bola de cristal. Todos los participantes tienen que estar, como nosotros, iniciados en la búsqueda interior y deseosos de comunicarse con el más allá.
La finalidad de la «cadena mágica» es la de crear una fuerza fluídica colectiva mayor que la que tendríamos activando únicamente nuestras capacidades mediánicas individuales: y eso con el fin de evocar Entidades más evolucionadas en un campo comunicativo más elevado.
No obstante, el grupo tiene que estar bien avenido. En efecto, si le falta «sintonía colectiva», todo intento de comunicación queda prácticamente baldío; en este caso, es preferible actuar solos.
Los participantes tendrán que actuar en «sintonía», según las antiguas leyes numérícocosmológicas (la cadena tendrá que estar formada siempre por un número impar de participantes) y astrológicas (hay que hacer siempre referencia a los cuatro elementos: aire, fuego, agua y tierra; hay que recordar que «el agua apaga al fuego, que crece con el aire pero es sofocado por la tierra»).
Para alcanzar el objetivo de la comunicación es indispensable que todos los participantes estén fundamentalmente de acuerdo sobre la Entidad que pretenden alcanzar con su evocación. Entonces, la fuerza colectiva de la cadena se convierte verdaderamente en energía al servicio de los que la han formado: es un coágulo de luz astral que se proyecta en la esfera de cristal en forma de «imágenes» o de «símbolos», condensaciones de la carga psíquica (de la mente y del espíritu) sintetizada por el grupo que las «fija» en la bola de cristal.
Como efecto no secundario, una «cadena mágica» bien amalgamada puede inducir a uno o más participantes a hacerse mensajero por medio de los pensamientos inconscientes dirigidos por cada «concatenante» al grupo de los participantes en la sesión.

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